martes, 13 de abril de 2010

COLOMBIA: MEDELLIN - CARTAGENA - BARRANQUILLA - SANTA MARTA - MEDELLIN

Camino a Medellín.

Luego de muchos kilómetros recorridos, mucha aventura, algún contratiempo, y muchos amigos en el camino, llegamos a Colombia, en principio, la meta del viaje.
Entramos ya entrada la noche por Ipiales, donde decidimos hacer noche luego de todo un dia de viaje desde Esperanza.
Las primeras cosas que notamos son la buena onda de los colombianos y la diferencia de precios con Ecuador, sobre todo en la gasolina, que cuesta el triple. Además empezamos a ver los primeros de decenas de peajes que nos iban a esperar en el camino y que tienen un costo que realmente lo ponen a uno de mal humor.
Alberto e Itzi, l@s chic@s español@s de La Chancha, nos habían recomendado por mail una laguna cerca de Pasto donde les parecía bueno que ofrezcamos nuestro oficio cartelero a los restaurantes de la zona, asi que luego de una noche en Ipiales partimos hacia allí.



Llegamos a Pasto también de noche, ya que aquí oscurece a eso de las seis y media de la tarde, y decidimos pasar otra noche de hotel ya que a esa hora es difícil encontrar donde dormir con La Caracola. Esa noche en la tv pudimos ver canal 7 de Argentina y nos entretuvimos con los lios políticos que mostraba 6-7-8 y hasta nos dio alguna nostalgia.
Tempranico al otro dia partimos hacia la laguna de La Cocha. Fueron 25km de subida hasta llegar a una altura donde el frío nos obligaba a las lanas, pero donde de pronto tuvimos la maravillosa vista desde bien arriba, del gran espejo acuático.



Al llegar vimos que los restaurantes eran muy lindos pero tambien humildes y bien de los lugareños, gente de la pesca artesanal y la atención al turismo. Asi fue que decidimos disfrutar un rato del lugar y seguir viaje hacia el norte, para ir acercándonos a Cali.







El lugar era hermoso, sobre todo la parte de las casitas de madera que estaban todas adornadas con flores muy coloridas y los restaurantes con sus ofertas de truchas que no dejamos escapar.
Siguiendo el camino, unos 800 km hasta Medellín, empezamos a disfrutar de la cordialidad y la amabilidad colombiana. Cualquier pregunta que hemos hecho fue respondida con esmero. Algo que vemos aquí que no sucede en Argentina es que las casas dan de frente a la ruta, entonces al atravesar los pueblos podemos ver a las gentes recostadas en las hamacas, charlando, sentados tomando algo, los chicos jugando, familias almorzando, y queda la sensación de una visita fugaz a la vida cotidiana.
Pasamos por la colonial Popayán, pasamos por Armenia, hicimos la ruta del Café en un tramo, con pena elegimos evitar Manizales porque significaba un camino más largo, con pena pasamos por el costado pero no entramos a Cali, y uf! por fin llegamos a Medellín, luego de largos caminos de montaña maravillosos y también jodidos, una curva detrás de la otra y muchos camiones para esquivar.


Ruta del café.




Popayán


Pueblo paisa. ( Paisas son los habitantes de la región de Antioquia)
(Gente alegre y de muy buena onda)


Vamo' que hay joda!


Llegada a Medellín

El encuentro con los chicos fue maravilloso, muy emocionante. Cuando nosotros salimos de BA, llegar a visitarlos a ellos era nuestra idea loca, y aquí estamos. Después de 2 años de no vernos la confianza fue inmediata, nos recibieron con churrasco y papas fritas y nos brindaron su hogar, dándonos la fabulosa posiblidad de descansar y recomponernos física y mentalmente de la maratón de kilómetros que hicimos hasta allí. Estamos en un lugar privilegiado, a 20 minutos de la ciudad, en la montaña, el clima es perfecto: calorcito agradable de día y fresquito de noche. Aquí todo el paisaje tiene algún grado de inclinación, cualquier piso plano está hecho artificialmente, es un poco vertiginoso al principio y no es raro caerse en alguno de los senderos. Cata, Yann y Camila viven aquí desde hace 2 años y lo que han trabajado en su tierra es admirable, haciendo terrazas para cultivos y plantas, gallinero, estanque, trazando caminos, nivelando el terreno, además de la casa y los muebles que van construyendo.
Camila y Lorenzo, que nacieron con sólo 5 días de diferencia, también están muy contentos de encontrarse y aprenden mucho juntos.}


Cami y Lolo.




Trabajando la pacha en lo de nuestros amigos.


Milanesa argentina si las hay.

Llegada de Esther.

A la semana de llegados llegó la mamma!, Esther, mamá de Mer y sobre todo abuela de Lolo!, que no pensaba perderse la aventura. Alquilamos una casita a 20 minutos de caminata de Can CuCú (así se llama la finca de Cata y Yann), y pasamos unos días de encuentro muy contentos y tranquilos.


Esperando en el aeropuerto.


Llegó Esther!


La casa.


La vista desde la casa.


Lugar de descanso de La Caracola.

En esos días festejamos el cumpleaño de Mer. Hicimos unas pizzas y tomamos unos vinos en la casa junto a Cata, Yann y Cami. Todo muy tranquilo y respondiendo por internet a las felicitaciones a la cumpleañera.


Los niños en el cumple de Mer.



Esther quería recorrer un poco de Colombia, pensando en el Caribe, y planteó “¿me voy sola o vamos todos?”
-Y… vamos!, dije yo
-¿Y si le pasa algo a la Caracola?, ¿Y si vamos en bus? dijo Beto.
-¿Qué le puede pasar?, repuse indignada.
- “Y bueno, vamos”. Dijo Beto.

Y fuimos, y pasó de todo.


Saliendo de la casa hacia el Caribe.

El viaje al Caribe.

El camino fue mucho más largo de lo esperado (la verdad es que salimos con cero información). El destino: Cartagena – Barranquilla – Santa Marta. Pensábamos demorar un día y nos tomó 2 ½.

La primera noche la pasamos en Yarumal, una ciudad sobre la falda de una montaña, con su plaza inclinada y sus boliches en penumbra nos pareció muy hermosa, luego nos dijeron que aquí se la conoce como la ciudad de las “3 F” : fea, fría y falduda. Sí que hacía frío. Llegar aquí nos llevó unas 5 horas, aunque está a sólo 100 km de Medellín, el camino es empinado e intrincado.


Yarumal.

Al día siguiente fuimos a conocer la plaza a la luz del día, compramos unos exquisitos buñuelos y partimos, fueron pasando los kilómetros y todavía nos quedaba bastante camino de montaña, luego se puso más llanudo y el clima agradable de Medellín se transformó en un horno pegajoso.


Las "Chivas". Típicos buses populares colombianos.

Uno de nuestros faroles andaba con poca potencia, Beto se puso a revisarlo y la lamparita se rompió y el vidrio y el anillo de metal quedaron flojos. Sostuvimos el asunto con cinta de papel y unas cuñas con palitos (haciendo honor a “lo atamo con alambre”) y seguimos, con la preocupación de no poder dejar que nos agarre la noche en la ruta.


Parada en pueblo norteño con mucho calor.



Fruta exótica, para nosotros. Muy rica ademas.

La segunda noche la pasamos en Sahagún, temprano seguimos viaje y a 200 km de Cartagena, nuestro primer destino, la Caracola empezó a escupir la 4ta. Por suerte si teníamos la palanca se quedaba, así que entre Beto y la copilota de turno la sostuvimos.


Calor!!!!


Cartagena

Cartagena de Indias nos deslumbró, tuvimos la suerte de conseguir un hotel barato dentro de la Ciudad Amurallada, y casi no salimos de ahí, dedicándonos a recorrerla de arriba abajo mientras el calor lo permitía.

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Barco pirata!


Atardece en la muralla.


La Caracola en su esquina.


No hay playas lindas cerca de la ciudad, así que decidimos tomar una excursión a una isla que prometía como las de las postales. Excursión = mala decisión. Tomamos un barco, bastante caro por cierto, que nos tuvo navegando 2 horas hasta una isla donde el único programa era ir a un acuario, que se cobraba aparte. Luego de la espera de 45 minutos (a los que no fuimos al acuario), nos subieron de vuelta al barco, y navegamos 1 hora y media hasta la dichosa isla de la postal. Trasbordo para llegar a la orilla porque el barco era demasiado grande para llegar. Ni bien bajar, cual moscas, unos 30 vendedores se nos tiraron encima, con un nivel de pesadez asombroso, mientras nos daban el “suculento” almuerzo incluido, no paraban de desfilar, que masajes, que caracoles, que tallas, que pulseras, que collares, que camarones, que tatuajes, y otra vez la de los masajes, otra vez el de los caracoles…
Bueno, a la playa! Y vuelta a desfilar todos los vendedores.
Tuvimos la posiblidad de hacer 20 minutos de snorkel, de darnos un chapuzón y ….. suena la bocina del barco! Todos arriba!
En fin, nos sentimos unos idiotas.
Lo peor de todo: a esta playa se podía llegar en auto en 1 hora... de esto nos enteramos ya arriba del maldito barco.


A navegar!! (Demasiado para nuestro gusto)


En camino


La foto de las revistas!



Luego de 3 noches en Cartagena decidimos poner rumbo a Barranquilla, donde habíamos hecho el contacto con el Club VW de allá para que nos recomendaran un mecánico para revisar la caja de cambios. Antes de partir quisimos mandarnos una cagada más, y decidimos conocer el “Castillo de San Felipe”, caminando 10 cuadras bajo el sol del medio día, para llegar, pagar una carísima entrada, y descubir que en realidad es un “Fuerte” y no un “Castillo”, sin sombras para cobijarse salvo unos túneles con fuerte olor.


El Castillo.

Con la moral bastante baja y medio insolados, preguntando a los lugareños, tomamos la ruta hacia Barranquilla. Un ruido extraño nos llamaba la atención, paramos y vimos que nuestra lona cubre techo estaba desenganchada. “Oh, que raro, se soltó”. La atamos y seguimos. Al rato vuelta a sentir el ruido. “Pero che, que cosa”, la atamos y seguimos. A la tercera vez que paramos, por fin, nos dimos cuenta de que faltaba la mochila que habíamos dejado atada arriba, que algún cartaginés se apropió. Mientras seguíamos camino hacíamos el inventario de lo perdido, en realidad casi todo era ropa de abrigo y mantas, que bien se podrán meter en el … armario en Cartagena, donde hace el mencionado calor todo el año. Lo que más lamentamos es que ahí estaba el piso de nuestra enorme carpa (que no usamos nunca y pensábamos vender).
A mitad de camino nos sacamos la lotería (pal lado contrario) cuando una piedra vil vino a incrustarse en nuestro parabrisas, dejándolo cual vitreaux monocromático en cientos y cientos de pedacitos. Sí tuvimos suerte en poder parar en la banquina en seguida y sin problemas. Anonadados, no sabíamos qué decisión tomar, se nos ocurrió llamar una grúa y en eso estábamos cuando un hombre estacionó su bicicleta al lado y con mucha decisión buscó un palo y se puso a sacar el vidrio, que en cualquier momento se venía para adentro. El hombre había trabajado en un taller y sabía lo que hacía. Mil gracias, se llamaba Luis Alberto.
Cuestión que nos tocó manejar 60 kilómetros sin parabrisas y sosteniendo la 4ta.


Peinado por Caracola coiffeur.


Caracola ecológica.


Barranquilla

Llegamos a Barranquilla de noche y un tanto estresados.
Nota útil para viajeros: el camino que hicimos de Cartagena a Barranqilla es la ruta vieja, resulta que hay una nueva, más rápida, en mejor estado, y más bonita, va bordeando el mar.

Esther, si bien sostenía su moral en alto, no podía evitar su cara de “yo quería aventura pero no era para tanto”. Beto no podía evitar su cara de “yo presentía esto, debimos habernos quedado trabajando”. Lolo no podía evitar su fastidio por tantas horas sentado, calor y sueño. Y yo (Mer), no podía evitar mi angustia.
Por suerte al llegar a Barranquilla fuimos recibidos por Ricardo y el club VW de esa ciudad. Una gente de primera que desde que llegamos nos ofrecieron su ayuda y asistencia para que La Caracola recobrara su normalidad, ya que habia que arreglar la 4° y la superventilación que la piedra había fabricado.


Con la gente del club VW Barranquilla.

Esa noche dormimos en un hotel, luego de la caravana de los Escarabajos y la reunión en el parque.
Al otro día tempranito estábamos en el taller con el motor abajo y con Cogollo, el mecánico, desarmando la caja para encontrar el problema. Ricardo y un par de amigos nos acompañaban. Tuvimos que llevar el piñon de 4° a un tornero que le hizo unos dientecitos extra para que se agarre bien y no se vuelva a soltar. A la tarde, ya de vuelta en el taller, se armó todo, se subió el motor y listo. Faltaba todavía el parabrisas, ni mas ni menos.


Motor y caja abajo. Tranqui Caracola!

Esa noche y la próxima, dormiríamos en la casa de Ricardo e Ibeth, juntos a sus hijitos Ricky y Carito, quienes muy generosamente nos invitaron y nos recibieron como si nos conocieran de siempre. Carito se hizo muy amiga de Lolo y lo pasaron muy bien juntos.
Al otro dia nos tocó la larga recorrida por vidrierías y talleres VW en busca del parabrisas perdido. Resumiendo, encontramos uno que nos ofrecía un mecánico, de una kombi brasileña y que por suerte calzaba justo, aunque para colocarlo debimos ir al otro dia a una vidriería ya que no habia quedado muy firme en el primer intento. Tuvimos que aplicar lo poco que sabemos de regateo para conseguir el vidrio a la mitad de lo que nos pedian en principio, porque era inalcanzable para los bolsillos.



Agradecidos a la hermosa gente de Barranquilla y sobre todo a Ricardo y su familia, a Cogollo y a Will que nos dio maderas para que le pintemos unos carteles y los entreguemos en Medellín, nos despedimos emocionados con rumbo a Santa Marta, la que tiene tren pero no tiene tranvía.


Gracias siempre a Ricardo, Ibeth, Ricky y Carito!


Santa Marta

Llegamos por la noche y nos instalamos en un cómodo hotel cerca del malecón. La Caracola había andado bárbaro y descansó en el parqueadero. Paseamos un rato, comimos unas salchipapas y unos perros, y nos fuimos a acostar.
A la mañana siguiente emprendimos la excursión al Parque Tayrona, famoso por su naturaleza, su belleza e historia indígena. Al llegar alquilamos un caballo para que hiciéramos Lolo y yo (Beto) el tramo hacia la playa que caminando lleva casi una hora, mientras que Mer y Esther iban a pie y La Caracola nos esperaba entre palmeras gigantes.


La Caracola atónita ante la exhuberancia natural.


Que jinetes!




Atras del comilón, dibujo de los Tayronas, nativos del lugar.





Nos encontramos en la playa, luego de cruzar una selva-bosque increíble en donde Mer y Esther vieron un mono. Recorrimos solo un poco por la hermosa playa ya que el calor era infernal y preferimos tirarnos en una sombra.
Luego de comer pegamos la vuelta hacia La Caracola y hacia Santa Marta.
El último día en el Caribe, por ahora, fuimos a la playa de Taganga y disfrutamos del mar, para luego emprender la vuelta a Medellín.




Helados! Mmmmm....


En Taganga.




Vuelta a Medellín.

Tardamos otros dos días y medio en donde La Caracola tuvo dos problemitas. En un momento, en medio de la ruta, la noche y la lluvia, no quisieron entrar mas los cambios. Las lágrimas se asomaban a nuestros ojos con ganas de salir, luego de tantos inconvenientes y reveses que nos habían dejado el ánimo bien frágil. Por suerte juntamos fuerzas, entró la 4° y seguimos hasta un hotel en la ruta pensando que al otro dia todo se iba a arreglar. Por suerte fue asi, ya que al levantarnos me tiré debajo de La Caracola y me dí cuenta que el problema era que se había desajustado la mariposa del cable de embrague. Asi que ajustado, problema solucionado y a seguir marcha.



El gran rio Cauca.

El otro problemita se presentó cuando empezó a hacer ruido la rueda izquierda de atrás y paramos en una llantería a ver que pasaba. Se habian soltado los fierritos del freno de mano.


No todas son sonrisas.

Decidimos seguir y arreglarlo mas adelante en Medellin. Ya no habia ni paciencia ni dinero para estos menesteres. Lo único que queríamos era llegar, meternos en la casa de la montaña a descansar y recomponernos, ademas de relajarnos junto a Cata, Yann y Cami.


Paseando por Plaza Botero.



El balance del viaje al Caribe creo que es positivo. Si bien la pasamos mal de a ratos, angustiados dias enteros, también conocimos lugares de ensueños y gente de primera, y pudimos superar juntos una prueba difícil para los nervios y el ánimo, además del aprendizaje constante que brindan estas experiencias.
La última semana en la casa fue muy tranquila y relajante. Nos dedicamos a cocinar, y a visitar a nuestros amigos del lugar, Cata , Yann y Cami, a Rosa que nos cocinó un riquisimo sancocho y tortilla de acelga recién cosechada. Tambien Esther tuvo su paseo por Medellín acompañada por Don César, la persona que nos alquila la casa, y su familia.
Y asi, como quien no quiere la cosa, llegó el dia del regreso de la abuela de Lolo a Buenos Aires, seguramente con mas experiencias de las que esperaba.

¡Un beso enorme Esther y gracias por todo!! ¡Te vamos a extrañar! Nos quedan tus canciones para cantarle a Lolo y Cami y tus juegos que tanto los hicieron reir.

domingo, 21 de marzo de 2010


ECUADOR-ULTIMA PARTE

El camino desde Montañita (la costa del Pacífico) hacia Quito (los Andes) es maravilloso. Una fuerte subida hacia las sierras donde la vegetación es impresionante, la exuberancia vegetal, hojas enormes, con la altura la vista se extiende, vemos montañas enormes que tendremos que subir a pura curva, cubiertas con más tonos de verde de los que podemos abarcar con los sentidos y la memoria.


A 200 km de Quito pasamos la noche en una estación de servicio, donde casi no pegamos un ojo entre el calor y los mosquitos que se habían colado en la Caracola. A la mañana siguiente seguimos el camino, cansados pero poniéndonos de mejor humor porque el camino seguía siendo hermoso. La ruta nos hizo entrar en una ciudad, mirábamos risueños el tremendo lío que nos rodeaba, risueños porque pensábamos seguir de largo por los caminos agrestes … pero de pronto el volante de la caracola quedó bailando y sólo nos dio tiempo de estacionar en una ochava… en medio del tremendo lío. Justo una esquina donde doblaban todos los colectivos, y todos querían insultarnos porque les obligábamos a hacer una tremenda maniobra, pero ahí quedamos … 7 horas. Al segundo teníamos unas 6 cabezas que se asomaban por las ventanas para ver qué pasaba y para dar ideas para resolver la situación. Todos con buena voluntad. Beto estuvo yendo y viniendo con mecánicos y torneros. Lolo y yo quedamos en la Caracola. Nuestro día se dividió en 3 partes: un tremendo calor en el que Lolo sudaba como en un baño turco, en medio se pegó con el volante en la frente y empezó a sangrar a mares (en seguida tenía una cabeza que se asomaba por la ventana y daba buenos consejos), y un diluvio que se colaba por las ventanas y nos mojó unas cuantas cosas.


Con muy buena voluntad se resolvió el temita del volante (se había aflojado una rosca y también se habían comido los dientes) y cuando vamos a arrancar la bocina no paraba de sonar, así que Beto, en medio del diluvio, se tiró debajo de la Caracola para desconectarla. Salimos huyendo de esa ciudad, Lolo herido pero ya de buen humor, Beto y yo con la cabeza que se nos partía. Se nos hizo de noche y el camino era puro pozo, barro, un horror. Manejamos un par de horas y nos zambullimos en el primer hotel que encontramos en Santo Domingo de Los Colorados, carísimo pero no nos daban las fuerzas para seguir buscando nada.

Al día siguiente pudimos ver que tuvimos mucha suerte en que se nos rompiera justo ahí el volante, en una ciudad y no en medio de la nada, y mejor no pensar en situaciones en que podría haber sido bien riesgoso.

Al siguiente día fuimos a ver si podíamos conocer a Los Colorados que le dan nombre al lugar, nos metimos por los caminos que nos indicaban y veíamos carteles de curanderos vegetalistas naturalistas, con retratos de indígenas, bien curioso, pero no nos dio para parar en ningún lado y seguimos camino a Quito.

El camino cambió y se puso también maravilloso, altura, altura, altura, habremos pasado por unas diez cascadas, se vino el frío y de repente en una parada notamos que las musculosas, ojotas y bermudas, que eran nuestro uniforme los últimos meses, estaban desubicadísimas con la fresca que hacía. Rápidamente nos pusimos a revolver La Caracola para encontrar medias, zapatillas, ropa de lana, y pantalones largos.


Llegamos a Quito atardeciendo, maravillados y sorprendidos con los volcanes nevados que la rodean. Nos encontramos con la gente del club VW de allá, el Catso Club (Catso significa escarabajo en quechua) y nos guiaron hasta el hotel de Alberto, miembro del Catso, que por suerte queda en el Centro Histórico de Quito.

No esperábamos tanta belleza, el centro está muy bien mantenido, son 360 manzanas coloniales, las iglesias son muy interesantes y el paisaje que rodea todo es bellísimo. La pena es que veníamos del baile de los días anteriores, también sentíamos la altura, el Lolo se empezó a resfriar… y sentíamos un agotamiento muy grande. También se nos esfumó mucha plata en estos pocos días y eso también nos tiró pa abajo. La cuestión es que disfrutamos la bella Quito, nos quedamos con ganas de más, pero debíamos partir porque se nos hacía muy cara la ciudad.


Gracias a Alberto, Buda, Diego y el grupo del Catso que organizaron un paseo con rico asado para agasajarnos. Mención especial para el “dígalo con mímica” que fue la estrella de la tarde.

Partimos hacia el norte, pasamos por la famosa Otavalo, nos sorprendimos con las vestimentas, ellas de faldas largas negras, camisas blancas bordadas en colores y collares de muchas vueltas y pañuelos en la cabeza, ellos con pelo largo, sombrero y traje negro. Se ve que el pueblo ha tenido demasiado turismo porque tiene un comercio al lado del otro y el 90% de las artesanías son industriales. No nos convenció y seguimos camino a La Esperanza, lugar que nos habían recomendado Purahoja y Alicia.


Encontramos un pueblo hermoso, nos parecía una mezcla de pueblo de la Quebrada de Humahuaca, con sus casas de adobe, pero con un paisaje del sur argentino, picos nevados y pinos, una cosa maravillosa. Preguntamos por hospedaje, caía la tarde y hacía frío, y nos mandaron a “Casa Aída”, llegamos, anochecía y nos cobraban muy cara la habitación, así que dormimos ahí pero dentro de la Caracola, con cierto sabor amargo porque también nos cobraban caro (8 dólares por pasar la noche ahí), en un garage inclinado. A la mañana siguiente estábamos por partir, ya para entrar a Colombia no del mejor humor, y apareció la señora Aída que le da nombre al lugar, muy hospitalaria ella, en tren de conversar, le contamos que veníamos haciendo carteles y en seguida nos encomendó uno. Nuestro humor cambió rápidamente, nos quedamos 2 días más en los que Aída nos hizo sentir muy bien, nos llenó la panza de su riquísima comida casera y le dejamos un enorme cartel. Solita ha levantado un hospedaje muy cálido que visitan gringos de todo el mundo porque figura en todas las guías del tipo Lonely Planet como el de los mejores desayunos de Ecuador. Sus panqueques con mermelada de zarzamora son inolvidables y su disposición a que todos se vayan contentos de su casa también.

Adiós a Aída y otra vez un maravilloso camino hacia Colombia. Montañas y montañas sembradas, altura y frío … Adios a los panas!...y entramos a Colombia!

viernes, 5 de marzo de 2010

Ecuador. Parte 2

Acá estamos. Escribiendo esta parte del relato desde La Esperanza, un pueblito andino a dos horas de la frontera con Colombia, mientras Mercedes filetea un cartel para Aida, la dueña del hermoso lugar en el que estamos parando, y Lolo arranca su sueño nocturno.
Hace mas o menos una semana que salimos de Montañita y parece que hubiera sido hace meses.
Los últimos 15 o 20 dias en Montañita fueron moviditos. Hicimos un par de pruebas mas con las artesanías pero no había caso, no se vendían. Lo bueno es que esos dias parchando conocimos a una pareja de colombianos y a la madre de él, que venian viajando desde Argentina y volviendo a su tierra. Tres copadísimas personas con las que pasamos muy lindos momentos. Seguramente volveremos a ver a Caro, Felipe y su madre en Colombia. También tuvimos un encuentro increíble con Juan, un compañero de fileteado de Buenos Aires que volvía desde su tierra a la capital argentina viajando por tierra.
Desde que nos prometimos partir el primer dia que no tuviéramos trabajo, no pararon de salirnos carteles para pintar. Empezamos por los esperados carteles para la casa de comidas de Zoe y Marlon. Dos hermosos carteles fileteados bien a lo porteño, que hicimos con mucho amor hacia esta gente amiga que tan bien nos recibió y que tanto nos ayudó a difundir nuestro trabajo. Quedaron tan lindos que Zoe saltaba de alegría y bailaba cuando los vió terminados, mientras Marlon los miraba perplejo de admiración.


Zoe y Mer festejando con sándia.

Enseguida nos salieron los carteles de Kimberley y su pastelería. Kim es una Newyorquina maravillosa, descendiente de ecuatorianos, y que apuesta todo a instalarse en la zona de Montañita junto a su marido. Nos hicimos grandes amigos. Otra enamorada de Lorenzo que nos pedía un cartel atrás de otro y que nos brindó todo.


Kimbreley y su pastelería. "SoLuna".

También pintamos la pared del único Spa de Montañita y dos carteles mas para sendos restaurantes. El de Gustavo, un cordobés que hace 10 años está en el lugar, y otro para Paulina y su local de Sushi-Thai.


Mercedes pintando la pared del Spa.

En medio de todo este trabajo se vino el carnaval y Montañita y Olón se inundaron de Guayaquileños con ganas de farra. Como en carnaval los hoteles cobran 10 veces mas que en época de poca gente, tuvimos que volver a dormir en La Caracola estacionada en la playa. El problema es que en carnaval todo esta al tope, hasta las playas. Encima existe la costumbre de invadir la arena desde las 6 de la mañana. O sea que ni bien salia el sol, ya las playas estaban llenas de turistas.
Tuvimos que buscar una opción para trabajar tranquilos y justo reaparecieron en nuestras vidas Guille, Silvia y su hijito Jeremías. Los habíamos conocido unas semanas antes por asuntos de bebes y ahora que los volvíamos a ver, nos invitaban a la casa que alquilaban para que podamos trabajar tranquilos y para que durmamos en La Caracola dentro del terreno, lejos de los ruidos del borracho y descontrolado carnaval.
El carnaval por esos pagos es un tema aparte. La invasión de gente es realmente increíble y no es muy agradable. Montañita estaba al tope, no solo de personas, sino también de basura. Las borracheras eran demasiadas y sus consecuencias las esperables. Los que tenían negocios se quejaban de todo esto y de que los visitantes solo gastaban en alcohol, o sea, una situación dantesca.
Como todo pasa, pasó el carnaval y todo volvió a la loca normalidad de Montañita y la tranquila normalidad de Olón. Volvimos a dormir a la playa mientras terminábamos trabajos en lo Guille y Silvia, al tiempo que Lolo se hacia reamigo del Jeremías.


Lolo y Jeremías a puro juego.

Un párrafo aparte para Federica, una amiga italiana de los chicos que llegó desde su pais a conocer estos pagos y que se hizo muy amiga nuestra. Una mina muy piola y querible que tuvimos la suerte de conocer. Como Kimberley quedo sola con su negocio, ya que su marido tuvo que viajar, se nos ocurrió presentarlas ya que creíamos que se llevarían muy bien, y cuando nos fuimos estaban trabajando juntas como amigas de toda la vida. Dos capas.


La Fede de paseo en Caracola.

No nos queremos olvidar de Goyo y Araceli, los dueños del hotel donde nos hospedamos en Olón. No solo nos trataron de primera y nos ofrecieron su amistad sino que tambien, y lo que es la vida, Goyo tenía una carpintería, y nos facilitó todas las maderas que necesitábamos para los trabajos con las medidas exactas y pulidas sin cobrarnos un centavo. Gente que si Discepolo hubiera conocido, jamás hubiera escrito Gira.
Entre cartel y cartel La Caracola le hacia los fletes a Marlon hasta Libertad, una ciudad a 80 kms. de Montañita, donde se conseguían las mercaderías que no había en la zona y a mucho mejor precio las que si habían, ganando nosotros algún dólar mas, aunque los viajes eran agotadores por el calor y la espera interminable en los mercados y shopings.
Cada tanto teníamos nuestras alegres tertulias en lo de Rafa junto a Jeremías, el cordobés que trabajaba en lo de Zoe y Marlon, y mas gente que se acercaba a tomar unas cervezas, charlar y escuchar música, mientras los mosquitos hacían su trabajo. Noches inolvidables.
Otra hermosa tertulia, y de las mas hermosas, fue el cumpleaños de Nehuén, el hijo de una pareja de artesanos amiga que nos invitaron a la fiesta en una casa al lado del río El Tigrillo en un lugar hermoso también. Gustavo y Sol son los copados padres que la organizaron. Estábamos comiendo y bebiendo lo mas contentos con artesanos de todos lados con sus hijos jugando de aquí para allá. No faltó ni la iguana curiosa que vino a ver de que se trataba.


La fiestita de Nehuén.


Iguana curioseando.

Un detalle loco es que Gustavo y Sol se decidieron a comprar una Kombi y a viajar hasta el sur argentino. Pronto irán a Perú a comprarla y a comenzar esta aventura. Hablando de Kombis, en la playa de Olón conocimos una pareja de españoles, Alberto e Itzia, que viajaban en “La Chancha”, una kombi amarilla que compraron en Chile y pensaban vender en Colombia luego de su travesía. Lo loco es que salieron sin hacerle absolutamente nada, solo le armaron una cama y a viajar. Sabemos que llegaron a Cartagena sin ningún problema. Capos!


Alberto e Itzia. La alegre tripulación de La Chancha.

Como estábamos terminando los últimos carteles y no aparecían nuevos para trabajar, le pusimos fecha a nuestra muchas veces pospuesta partida y se vinieron las despedidas en lo que fueron tres días maravillosos y llenos de emoción.
Unos días antes de partir empezaron a parar en lo de Rafa dos chicos que venían recorriendo América desde Buenos Aires en dos motos de 125 cc. Dos copados de aquellos con los que compartimos estos últimos días junto a unas tres chicas, también viajeras, de las cuales dos eran argentinas y una peruana. Nos hicimos amigotes y pasamos unos dias muy divertidos, cocinando tallarines en lo de Rafa, tomando mojitos y hasta bailando chacarera con una de las chicas. Todos saldrán mas adelante hacia Colombia, asi que esperamos volver a vernos.
También yo, Beto, tuve mi día de deporte extremo, y me fui con Pura Hoja que me invito a una clase de surf. Alquilé una tabla y seguí los pasos del maestro hasta la playa, donde estuve media hora aprendiendo de teoria en la arena, antes de atacar las olas con el empuje de un adolescente.
Lamentablemente de adolescente solo tenia el empuje, porque apenas si me pude recostar 3 veces en la tabla en los 40 minutos que aguanté braceando y tratando que la tabla no me diera en la cabeza. Igualmente salí con la frente alta y me paseé por todo el centro de Montañita con la tabla bajo el brazo, ante la sonrisa cómplice de los que me conocían y las mas absoluta indiferencia de los que no.


PuraHoja y sus perritas.

No faltarán mas clases en el futuro y ojala un día me pueda parar ya que debe ser realmente un flash.
El anteúltimo día lo pasamos en la casa de Zoe y Marlon en un hermoso lugar del campo a unos kms del mar.


Casa de Zoe y Marlon.

Ese mismo día nos íbamos a ir pero justo se dio que llegaba desde Lima en su escarabajo John, el presidente del club VW de Perú (CAVE), que tan bien nos había recibido en su tierra y que se había decidido a viajar al conocer a La Caracola y su aventura. Pasamos un corta pero muy linda tarde junto a este amigazo que nos dio el viaje y a su familia, recorriendo Montañita y charlando de todo, prometiéndonos volvernos a ver.


John y su Escarabajo. Desde Lima a Montañita.

Como no nos fuimos ese día hicimos otra despedida, esta si definitiva, en lo de Rafa y con los chicos motoqueros, las viajeras enamoradas de Lolo, el dueño de casa, Pura hoja y su mujer Alicia y Jeremías. Tomamos algunos tragos y nos abrazamos con todos hasta que las lágrimas ya no aguantaron mas y comenzaron a fuir sin contención. También fue hermoso y duro despedirse de Kimberley y Federica, que ahí nomás estaban trabajando.
Entre bocinas y saludos, lagrimas y sonrisas, partimos hacia Olón a pasar la noche para al otro día volver a recorrer los caminos en busca de nuevos lugares y nuevos amigos, además de mas trabajo para poder seguir moviéndonos.
Esa mañana nos despedimos de Dominga y Valerio y de Araceli y Goyo. Salimos a la ruta luego de un mes y medio maravilloso. También a veces duro, pero siempre con enseñanzas y gente increíble rodeándonos. Nunca olvidaremos ni a Montañita ni Olón.



Dominga y Valerio. Siempre les estaremos agradecidos.


Nuestra casa en Olón.

Frases y curiosidades:

Pura Hoja siempre me saludaba con un “habla Lolo”. ( Tanto él como Rafa y Guille se confundían y me decía Lolo ).
Mientras que en Perú a los amigos se les dice “pata”, aquí se les dice “pana” o “broder”
Palabras para decir todo bien: “chévere”, “bacán”.
Frutas ricas: chirimoya, huacamole, maracuyá.
Bocaditos ricos de plátano: chifle, patacones, bolones. ( Aprendimos a hacerlos todos! )

viernes, 5 de febrero de 2010

Ecuador. Parte 1

Hace ya casi un mes que entramos en Ecuador. Luego de pasar una noche en Machala y otra en Guayaquil, nos vinimos directamente a Montañita con el foco puesto en trabajar. Montañita es un pueblo de playa, muy mentado entre viajeros por su fama de muchísimo turismo, y por ende trabajo, además en Ecuador es difícil parchar (vender artesanías en la calle), pero Montañita está liberado, en todos los sentidos. Que el resto de Ecuador es difícil significa, lisa y llanamente, que es habitual que la gente que vende artesanías sea deportada por la policía de migraciones. Ya escuchamos demasiadas historias de estas como para tener ganas de intentar parchar por otros lados. En concreto nos encontramos con un lugar bastante caótico, muchos negocios, bares, hoteles, restaurantes, muchas músicas sonando al mismo tiempo, hoteles lujosos al lado de construcciones a medio hacer medio abandonadas, mucha basura, precios muy altos, mucha gente intentando hacer su negocio de temporada con muy buena onda, y muchos, demasiados, jóvenes argentinos de clase media alta con aires detestables. Al principio nos queríamos morir, hacer tantos kilómetros para estar rodeados de conchetos, ahora los podemos ignorar bastante.

Nuestro negoción de comprar artesanías en Perú para revender aquí es un fracaso, algo se vende pero muy poquito, mientras tanto estamos aprendiendo a hacer macramé, tenemos amigos artesanos que nos van enseñando distintos puntos y es muy lindo hacerlo, implica bastante concentración y tiene algo de meditativo. Lo bueno es que nos salieron un par de trabajos de fileteado: una pared que pintamos en una casa de veraneo y un cartel para un restaurante, quedaron muy bien, los clientes conformes y nosotros también. Hemos armado un blog para darle más empuje a esto: www.pintandoelviaje.blogspot.com y también nos pintamos una publicidad en la Caracola, todavía sin terminar pero el laburo del cartel salió gracias a eso, y cuando vamos andando oímos que la gente lo lee en voz alta. Pero en definitiva, el saldo es que viviendo aquí gastamos más de lo que ganamos, hasta ahora.

Pared que pintamos en Olón


Cartel para restaurant en Montañita

Cuando nos salió el trabajo del cartel ya llevábamos unos 15 días viviendo en la playa, así que para poder pintar tranquilos y necesitando un poco de confort nos alquilamos una pieza de hotel por otros 15 días. Ahora nos toca parchar el fin de semana en el que viene el turista ecuatoriano que compra más, veremos un par de días más si sale algún cartel, y si vemos que no sale nada, ya encaramos para Quito para conocerla y para encontrarnos con la gente del club de kombis de allá, y si no logramos algún trabajo ahí, tendremos que irnos rápidamente para Colombia ya que aquí no podemos parchar.


Caos típico en La Caracola
Tanto en la playa como ahora en el hotel no paramos en Montañita sino en Olón, otro pueblo de playa a 3 km, porque es muchísimo más tranquilo. Montañita, que es como un Amsterdam ecuatoriano, no para nunca su joda, en cambio en Olón no pasa nada, en la playa hay cabañitas donde las señoras cocinan y nos hicimos nuestra amiga Dominga que nos cocina a precios locales y siempre tiene algún regalito para Lolo, juguitos, bananas, y Lolo la adora. La comida siempre arranca con una sopa y después viene pescado apanado (milanesa) o pollo, siempre con arroz y plátano en alguna forma: frito, asado o patacón, que es frito, después se hace bola y se aplasta como una croqueta.
Los desayunos son lo que nosotros comeríamos en un almuerzo (arroz, lentejas, pollo, pescado), un desayuno más tranqui, en el que incurrimos varias veces, es el bolón (plátano frito hecho pasta, mezclado con pedacitos de queso, se hace bola y se vuelve a freir) + huevo frito + limonada. Está buenísimo, es una bomba.


Lolo con Dominga

Cuando pintamos el cartel en Purmamarca, el hombre que nos lo encargó nos dijo que pasáramos a ver a su hija que estaba viviendo en Montañita, hacia ella fuimos cuando llegamos y Zoe, sus amigos y su local de empanadas han sido nuestra base de operaciones todo este tiempo. En seguida de llegados nos presentaba a la gente como “unos de los mejores fileteadores de argentina”. Zoe es lo más! Gracias a ella tomamos mate todas las tardes, un lujo total. Su marido, Marlon, es ecuatoriano, y tienen un hijito, Amaru, con el que Lolo a veces juega pero el nene anda pasando por una etapa de bruto así que por lo general Lolo le huye (el Lolo sigue siendo un buenazo que no le pega a nadie, salvo a sus padres, y le dice al nene “noooo, cuidado con Lolo”, o si le quiere sacar los juguetes le dice “noooo, para Lolo” y lo separa suavecito.)


con Zoe y familia

Hace bastante calor aquí, Lolo puede andar desnudo y de a poco se está interesando en el temita de hacer caca y pis fuera de los pañales.

Al lado del negocio de Zoe está el de Purahoja, este hombre (Purahoja) es otro capo, es montañitence, siempre laburando, construyendo, haciendo un baño, o haciendo un lomo de burro en la calle, o cocinando, o cuidando sus plantas. Es igualito a Bob Marley, para mi.

Al lado está el local del Rafa, un guayaquileño buenísima persona, adora a Lolo, está construyendo su imperio a base de vender tortillas de papa en la playa. Está cansado de pelar papas así que día por medio abre el local solo para los amigos, caen guitarra y cajón peruano y él se pone a cantar improvisando, si pasamos por ahí nos incorpora a la canción y Lolo se emociona todo.


El Rafa

Con Rafa pasamos 3 días de lujo en una casona frente a la playa que le habían prestado, esos días disponíamos de horno e hicimos brownies y se vendieron muy bien. También participaron del proyecto brownie Vivi y Andrés, colombianos de Cali con los que esperamos reencontrarnos, nos divertimos mucho esos días con ellos.

Otra gente con la que la pasamos muy bien fue con una familia chilena: Lucho, Magaly y el pequeño Lucas, los conocimos en el local de Zoe y en seguida hicimos buena onda, y nos gustó más todavía que fueran chilenos porque pudimos borrar la mala impresión que trajimos de nuestro paso por ese país. Con ellos fuimos a conocer unas cascadas y pudimos ver que a sólo media hora de la playa, metiéndonos en la sierra, estábamos en la selva (“estamos en la selva de verdad!”, no paraba de decir Lucas). Mención para La Caracola que hizo el camino que era “sólo para 4x4”, porrrrrrr favorrrrrr.



Lucho, Lucas y Magaly


En las cascadas de Alex

En fin, este es el resumen, estamos conociendo muchísima gente, estamos aprendiendo a trabajar en el camino. Hubo días en que estábamos medio desanimados sin poder generar dinero, y al rato nos encontrábamos con uno y con otro, el Rafa repartía la tortilla que no había vendido, otro nos hacía probar un jugo, otro le regala a los nenes las tortitas que quedaron de la venta de la playa, o nos invitan cervezas frescas, nosotros llevamos a la gente en la Caracola, y así van fluyendo mejor los días, escuchando historias de vidas y de viajes, escuchando consejos sobre los lugares donde estaremos, brindándolos de los lugares donde hemos estado.

Hay muchos colombianos aquí y nos encantan, así que si bien queremos conocer más del Ecuador, también ya estamos ansiosos por entrar a Colombia. Veremos!


Lolo al lado de nuestro puestito


Beto preparado para la batalla







PD: muchísimas gracias a todos los que publicaron comentarios. Disculpen que no hemos podido contestarlos, por supuesto que los leímos y nos emocionamos con saber que estamos en contacto por este medio.
John: ya has partido en tu viaje? Avisanos así nos encontramos.
Sofía: estarás de nuevo en Lima en el trajín, saludos a toda la familia y un abrazo enorme para vos!
Radio Kombinauta: qué haríamos sin ustedes!
Kombiman, Kombiwomen, kombiboy: uy como los extramos!
Lucho: los recordamos siempre, vieron que bien salieron en la foto?
Diego: siempre amable con nosotros, hay que hablar con él para conocer Lima. Saludos!
Pablo y sus pes: te extrañamos! porqué no te venís? Traela a Pau, sino no!
Enrique: todos somos! Venite también!
CavePiura: nos vemos en Colombia, abrazos para todos, Wilmer, Adezda, Aranza, Tito, Jorge, Tato... los recordamos.