domingo, 21 de marzo de 2010


ECUADOR-ULTIMA PARTE

El camino desde Montañita (la costa del Pacífico) hacia Quito (los Andes) es maravilloso. Una fuerte subida hacia las sierras donde la vegetación es impresionante, la exuberancia vegetal, hojas enormes, con la altura la vista se extiende, vemos montañas enormes que tendremos que subir a pura curva, cubiertas con más tonos de verde de los que podemos abarcar con los sentidos y la memoria.


A 200 km de Quito pasamos la noche en una estación de servicio, donde casi no pegamos un ojo entre el calor y los mosquitos que se habían colado en la Caracola. A la mañana siguiente seguimos el camino, cansados pero poniéndonos de mejor humor porque el camino seguía siendo hermoso. La ruta nos hizo entrar en una ciudad, mirábamos risueños el tremendo lío que nos rodeaba, risueños porque pensábamos seguir de largo por los caminos agrestes … pero de pronto el volante de la caracola quedó bailando y sólo nos dio tiempo de estacionar en una ochava… en medio del tremendo lío. Justo una esquina donde doblaban todos los colectivos, y todos querían insultarnos porque les obligábamos a hacer una tremenda maniobra, pero ahí quedamos … 7 horas. Al segundo teníamos unas 6 cabezas que se asomaban por las ventanas para ver qué pasaba y para dar ideas para resolver la situación. Todos con buena voluntad. Beto estuvo yendo y viniendo con mecánicos y torneros. Lolo y yo quedamos en la Caracola. Nuestro día se dividió en 3 partes: un tremendo calor en el que Lolo sudaba como en un baño turco, en medio se pegó con el volante en la frente y empezó a sangrar a mares (en seguida tenía una cabeza que se asomaba por la ventana y daba buenos consejos), y un diluvio que se colaba por las ventanas y nos mojó unas cuantas cosas.


Con muy buena voluntad se resolvió el temita del volante (se había aflojado una rosca y también se habían comido los dientes) y cuando vamos a arrancar la bocina no paraba de sonar, así que Beto, en medio del diluvio, se tiró debajo de la Caracola para desconectarla. Salimos huyendo de esa ciudad, Lolo herido pero ya de buen humor, Beto y yo con la cabeza que se nos partía. Se nos hizo de noche y el camino era puro pozo, barro, un horror. Manejamos un par de horas y nos zambullimos en el primer hotel que encontramos en Santo Domingo de Los Colorados, carísimo pero no nos daban las fuerzas para seguir buscando nada.

Al día siguiente pudimos ver que tuvimos mucha suerte en que se nos rompiera justo ahí el volante, en una ciudad y no en medio de la nada, y mejor no pensar en situaciones en que podría haber sido bien riesgoso.

Al siguiente día fuimos a ver si podíamos conocer a Los Colorados que le dan nombre al lugar, nos metimos por los caminos que nos indicaban y veíamos carteles de curanderos vegetalistas naturalistas, con retratos de indígenas, bien curioso, pero no nos dio para parar en ningún lado y seguimos camino a Quito.

El camino cambió y se puso también maravilloso, altura, altura, altura, habremos pasado por unas diez cascadas, se vino el frío y de repente en una parada notamos que las musculosas, ojotas y bermudas, que eran nuestro uniforme los últimos meses, estaban desubicadísimas con la fresca que hacía. Rápidamente nos pusimos a revolver La Caracola para encontrar medias, zapatillas, ropa de lana, y pantalones largos.


Llegamos a Quito atardeciendo, maravillados y sorprendidos con los volcanes nevados que la rodean. Nos encontramos con la gente del club VW de allá, el Catso Club (Catso significa escarabajo en quechua) y nos guiaron hasta el hotel de Alberto, miembro del Catso, que por suerte queda en el Centro Histórico de Quito.

No esperábamos tanta belleza, el centro está muy bien mantenido, son 360 manzanas coloniales, las iglesias son muy interesantes y el paisaje que rodea todo es bellísimo. La pena es que veníamos del baile de los días anteriores, también sentíamos la altura, el Lolo se empezó a resfriar… y sentíamos un agotamiento muy grande. También se nos esfumó mucha plata en estos pocos días y eso también nos tiró pa abajo. La cuestión es que disfrutamos la bella Quito, nos quedamos con ganas de más, pero debíamos partir porque se nos hacía muy cara la ciudad.


Gracias a Alberto, Buda, Diego y el grupo del Catso que organizaron un paseo con rico asado para agasajarnos. Mención especial para el “dígalo con mímica” que fue la estrella de la tarde.

Partimos hacia el norte, pasamos por la famosa Otavalo, nos sorprendimos con las vestimentas, ellas de faldas largas negras, camisas blancas bordadas en colores y collares de muchas vueltas y pañuelos en la cabeza, ellos con pelo largo, sombrero y traje negro. Se ve que el pueblo ha tenido demasiado turismo porque tiene un comercio al lado del otro y el 90% de las artesanías son industriales. No nos convenció y seguimos camino a La Esperanza, lugar que nos habían recomendado Purahoja y Alicia.


Encontramos un pueblo hermoso, nos parecía una mezcla de pueblo de la Quebrada de Humahuaca, con sus casas de adobe, pero con un paisaje del sur argentino, picos nevados y pinos, una cosa maravillosa. Preguntamos por hospedaje, caía la tarde y hacía frío, y nos mandaron a “Casa Aída”, llegamos, anochecía y nos cobraban muy cara la habitación, así que dormimos ahí pero dentro de la Caracola, con cierto sabor amargo porque también nos cobraban caro (8 dólares por pasar la noche ahí), en un garage inclinado. A la mañana siguiente estábamos por partir, ya para entrar a Colombia no del mejor humor, y apareció la señora Aída que le da nombre al lugar, muy hospitalaria ella, en tren de conversar, le contamos que veníamos haciendo carteles y en seguida nos encomendó uno. Nuestro humor cambió rápidamente, nos quedamos 2 días más en los que Aída nos hizo sentir muy bien, nos llenó la panza de su riquísima comida casera y le dejamos un enorme cartel. Solita ha levantado un hospedaje muy cálido que visitan gringos de todo el mundo porque figura en todas las guías del tipo Lonely Planet como el de los mejores desayunos de Ecuador. Sus panqueques con mermelada de zarzamora son inolvidables y su disposición a que todos se vayan contentos de su casa también.

Adiós a Aída y otra vez un maravilloso camino hacia Colombia. Montañas y montañas sembradas, altura y frío … Adios a los panas!...y entramos a Colombia!

viernes, 5 de marzo de 2010

Ecuador. Parte 2

Acá estamos. Escribiendo esta parte del relato desde La Esperanza, un pueblito andino a dos horas de la frontera con Colombia, mientras Mercedes filetea un cartel para Aida, la dueña del hermoso lugar en el que estamos parando, y Lolo arranca su sueño nocturno.
Hace mas o menos una semana que salimos de Montañita y parece que hubiera sido hace meses.
Los últimos 15 o 20 dias en Montañita fueron moviditos. Hicimos un par de pruebas mas con las artesanías pero no había caso, no se vendían. Lo bueno es que esos dias parchando conocimos a una pareja de colombianos y a la madre de él, que venian viajando desde Argentina y volviendo a su tierra. Tres copadísimas personas con las que pasamos muy lindos momentos. Seguramente volveremos a ver a Caro, Felipe y su madre en Colombia. También tuvimos un encuentro increíble con Juan, un compañero de fileteado de Buenos Aires que volvía desde su tierra a la capital argentina viajando por tierra.
Desde que nos prometimos partir el primer dia que no tuviéramos trabajo, no pararon de salirnos carteles para pintar. Empezamos por los esperados carteles para la casa de comidas de Zoe y Marlon. Dos hermosos carteles fileteados bien a lo porteño, que hicimos con mucho amor hacia esta gente amiga que tan bien nos recibió y que tanto nos ayudó a difundir nuestro trabajo. Quedaron tan lindos que Zoe saltaba de alegría y bailaba cuando los vió terminados, mientras Marlon los miraba perplejo de admiración.


Zoe y Mer festejando con sándia.

Enseguida nos salieron los carteles de Kimberley y su pastelería. Kim es una Newyorquina maravillosa, descendiente de ecuatorianos, y que apuesta todo a instalarse en la zona de Montañita junto a su marido. Nos hicimos grandes amigos. Otra enamorada de Lorenzo que nos pedía un cartel atrás de otro y que nos brindó todo.


Kimbreley y su pastelería. "SoLuna".

También pintamos la pared del único Spa de Montañita y dos carteles mas para sendos restaurantes. El de Gustavo, un cordobés que hace 10 años está en el lugar, y otro para Paulina y su local de Sushi-Thai.


Mercedes pintando la pared del Spa.

En medio de todo este trabajo se vino el carnaval y Montañita y Olón se inundaron de Guayaquileños con ganas de farra. Como en carnaval los hoteles cobran 10 veces mas que en época de poca gente, tuvimos que volver a dormir en La Caracola estacionada en la playa. El problema es que en carnaval todo esta al tope, hasta las playas. Encima existe la costumbre de invadir la arena desde las 6 de la mañana. O sea que ni bien salia el sol, ya las playas estaban llenas de turistas.
Tuvimos que buscar una opción para trabajar tranquilos y justo reaparecieron en nuestras vidas Guille, Silvia y su hijito Jeremías. Los habíamos conocido unas semanas antes por asuntos de bebes y ahora que los volvíamos a ver, nos invitaban a la casa que alquilaban para que podamos trabajar tranquilos y para que durmamos en La Caracola dentro del terreno, lejos de los ruidos del borracho y descontrolado carnaval.
El carnaval por esos pagos es un tema aparte. La invasión de gente es realmente increíble y no es muy agradable. Montañita estaba al tope, no solo de personas, sino también de basura. Las borracheras eran demasiadas y sus consecuencias las esperables. Los que tenían negocios se quejaban de todo esto y de que los visitantes solo gastaban en alcohol, o sea, una situación dantesca.
Como todo pasa, pasó el carnaval y todo volvió a la loca normalidad de Montañita y la tranquila normalidad de Olón. Volvimos a dormir a la playa mientras terminábamos trabajos en lo Guille y Silvia, al tiempo que Lolo se hacia reamigo del Jeremías.


Lolo y Jeremías a puro juego.

Un párrafo aparte para Federica, una amiga italiana de los chicos que llegó desde su pais a conocer estos pagos y que se hizo muy amiga nuestra. Una mina muy piola y querible que tuvimos la suerte de conocer. Como Kimberley quedo sola con su negocio, ya que su marido tuvo que viajar, se nos ocurrió presentarlas ya que creíamos que se llevarían muy bien, y cuando nos fuimos estaban trabajando juntas como amigas de toda la vida. Dos capas.


La Fede de paseo en Caracola.

No nos queremos olvidar de Goyo y Araceli, los dueños del hotel donde nos hospedamos en Olón. No solo nos trataron de primera y nos ofrecieron su amistad sino que tambien, y lo que es la vida, Goyo tenía una carpintería, y nos facilitó todas las maderas que necesitábamos para los trabajos con las medidas exactas y pulidas sin cobrarnos un centavo. Gente que si Discepolo hubiera conocido, jamás hubiera escrito Gira.
Entre cartel y cartel La Caracola le hacia los fletes a Marlon hasta Libertad, una ciudad a 80 kms. de Montañita, donde se conseguían las mercaderías que no había en la zona y a mucho mejor precio las que si habían, ganando nosotros algún dólar mas, aunque los viajes eran agotadores por el calor y la espera interminable en los mercados y shopings.
Cada tanto teníamos nuestras alegres tertulias en lo de Rafa junto a Jeremías, el cordobés que trabajaba en lo de Zoe y Marlon, y mas gente que se acercaba a tomar unas cervezas, charlar y escuchar música, mientras los mosquitos hacían su trabajo. Noches inolvidables.
Otra hermosa tertulia, y de las mas hermosas, fue el cumpleaños de Nehuén, el hijo de una pareja de artesanos amiga que nos invitaron a la fiesta en una casa al lado del río El Tigrillo en un lugar hermoso también. Gustavo y Sol son los copados padres que la organizaron. Estábamos comiendo y bebiendo lo mas contentos con artesanos de todos lados con sus hijos jugando de aquí para allá. No faltó ni la iguana curiosa que vino a ver de que se trataba.


La fiestita de Nehuén.


Iguana curioseando.

Un detalle loco es que Gustavo y Sol se decidieron a comprar una Kombi y a viajar hasta el sur argentino. Pronto irán a Perú a comprarla y a comenzar esta aventura. Hablando de Kombis, en la playa de Olón conocimos una pareja de españoles, Alberto e Itzia, que viajaban en “La Chancha”, una kombi amarilla que compraron en Chile y pensaban vender en Colombia luego de su travesía. Lo loco es que salieron sin hacerle absolutamente nada, solo le armaron una cama y a viajar. Sabemos que llegaron a Cartagena sin ningún problema. Capos!


Alberto e Itzia. La alegre tripulación de La Chancha.

Como estábamos terminando los últimos carteles y no aparecían nuevos para trabajar, le pusimos fecha a nuestra muchas veces pospuesta partida y se vinieron las despedidas en lo que fueron tres días maravillosos y llenos de emoción.
Unos días antes de partir empezaron a parar en lo de Rafa dos chicos que venían recorriendo América desde Buenos Aires en dos motos de 125 cc. Dos copados de aquellos con los que compartimos estos últimos días junto a unas tres chicas, también viajeras, de las cuales dos eran argentinas y una peruana. Nos hicimos amigotes y pasamos unos dias muy divertidos, cocinando tallarines en lo de Rafa, tomando mojitos y hasta bailando chacarera con una de las chicas. Todos saldrán mas adelante hacia Colombia, asi que esperamos volver a vernos.
También yo, Beto, tuve mi día de deporte extremo, y me fui con Pura Hoja que me invito a una clase de surf. Alquilé una tabla y seguí los pasos del maestro hasta la playa, donde estuve media hora aprendiendo de teoria en la arena, antes de atacar las olas con el empuje de un adolescente.
Lamentablemente de adolescente solo tenia el empuje, porque apenas si me pude recostar 3 veces en la tabla en los 40 minutos que aguanté braceando y tratando que la tabla no me diera en la cabeza. Igualmente salí con la frente alta y me paseé por todo el centro de Montañita con la tabla bajo el brazo, ante la sonrisa cómplice de los que me conocían y las mas absoluta indiferencia de los que no.


PuraHoja y sus perritas.

No faltarán mas clases en el futuro y ojala un día me pueda parar ya que debe ser realmente un flash.
El anteúltimo día lo pasamos en la casa de Zoe y Marlon en un hermoso lugar del campo a unos kms del mar.


Casa de Zoe y Marlon.

Ese mismo día nos íbamos a ir pero justo se dio que llegaba desde Lima en su escarabajo John, el presidente del club VW de Perú (CAVE), que tan bien nos había recibido en su tierra y que se había decidido a viajar al conocer a La Caracola y su aventura. Pasamos un corta pero muy linda tarde junto a este amigazo que nos dio el viaje y a su familia, recorriendo Montañita y charlando de todo, prometiéndonos volvernos a ver.


John y su Escarabajo. Desde Lima a Montañita.

Como no nos fuimos ese día hicimos otra despedida, esta si definitiva, en lo de Rafa y con los chicos motoqueros, las viajeras enamoradas de Lolo, el dueño de casa, Pura hoja y su mujer Alicia y Jeremías. Tomamos algunos tragos y nos abrazamos con todos hasta que las lágrimas ya no aguantaron mas y comenzaron a fuir sin contención. También fue hermoso y duro despedirse de Kimberley y Federica, que ahí nomás estaban trabajando.
Entre bocinas y saludos, lagrimas y sonrisas, partimos hacia Olón a pasar la noche para al otro día volver a recorrer los caminos en busca de nuevos lugares y nuevos amigos, además de mas trabajo para poder seguir moviéndonos.
Esa mañana nos despedimos de Dominga y Valerio y de Araceli y Goyo. Salimos a la ruta luego de un mes y medio maravilloso. También a veces duro, pero siempre con enseñanzas y gente increíble rodeándonos. Nunca olvidaremos ni a Montañita ni Olón.



Dominga y Valerio. Siempre les estaremos agradecidos.


Nuestra casa en Olón.

Frases y curiosidades:

Pura Hoja siempre me saludaba con un “habla Lolo”. ( Tanto él como Rafa y Guille se confundían y me decía Lolo ).
Mientras que en Perú a los amigos se les dice “pata”, aquí se les dice “pana” o “broder”
Palabras para decir todo bien: “chévere”, “bacán”.
Frutas ricas: chirimoya, huacamole, maracuyá.
Bocaditos ricos de plátano: chifle, patacones, bolones. ( Aprendimos a hacerlos todos! )

viernes, 5 de febrero de 2010

Ecuador. Parte 1

Hace ya casi un mes que entramos en Ecuador. Luego de pasar una noche en Machala y otra en Guayaquil, nos vinimos directamente a Montañita con el foco puesto en trabajar. Montañita es un pueblo de playa, muy mentado entre viajeros por su fama de muchísimo turismo, y por ende trabajo, además en Ecuador es difícil parchar (vender artesanías en la calle), pero Montañita está liberado, en todos los sentidos. Que el resto de Ecuador es difícil significa, lisa y llanamente, que es habitual que la gente que vende artesanías sea deportada por la policía de migraciones. Ya escuchamos demasiadas historias de estas como para tener ganas de intentar parchar por otros lados. En concreto nos encontramos con un lugar bastante caótico, muchos negocios, bares, hoteles, restaurantes, muchas músicas sonando al mismo tiempo, hoteles lujosos al lado de construcciones a medio hacer medio abandonadas, mucha basura, precios muy altos, mucha gente intentando hacer su negocio de temporada con muy buena onda, y muchos, demasiados, jóvenes argentinos de clase media alta con aires detestables. Al principio nos queríamos morir, hacer tantos kilómetros para estar rodeados de conchetos, ahora los podemos ignorar bastante.

Nuestro negoción de comprar artesanías en Perú para revender aquí es un fracaso, algo se vende pero muy poquito, mientras tanto estamos aprendiendo a hacer macramé, tenemos amigos artesanos que nos van enseñando distintos puntos y es muy lindo hacerlo, implica bastante concentración y tiene algo de meditativo. Lo bueno es que nos salieron un par de trabajos de fileteado: una pared que pintamos en una casa de veraneo y un cartel para un restaurante, quedaron muy bien, los clientes conformes y nosotros también. Hemos armado un blog para darle más empuje a esto: www.pintandoelviaje.blogspot.com y también nos pintamos una publicidad en la Caracola, todavía sin terminar pero el laburo del cartel salió gracias a eso, y cuando vamos andando oímos que la gente lo lee en voz alta. Pero en definitiva, el saldo es que viviendo aquí gastamos más de lo que ganamos, hasta ahora.

Pared que pintamos en Olón


Cartel para restaurant en Montañita

Cuando nos salió el trabajo del cartel ya llevábamos unos 15 días viviendo en la playa, así que para poder pintar tranquilos y necesitando un poco de confort nos alquilamos una pieza de hotel por otros 15 días. Ahora nos toca parchar el fin de semana en el que viene el turista ecuatoriano que compra más, veremos un par de días más si sale algún cartel, y si vemos que no sale nada, ya encaramos para Quito para conocerla y para encontrarnos con la gente del club de kombis de allá, y si no logramos algún trabajo ahí, tendremos que irnos rápidamente para Colombia ya que aquí no podemos parchar.


Caos típico en La Caracola
Tanto en la playa como ahora en el hotel no paramos en Montañita sino en Olón, otro pueblo de playa a 3 km, porque es muchísimo más tranquilo. Montañita, que es como un Amsterdam ecuatoriano, no para nunca su joda, en cambio en Olón no pasa nada, en la playa hay cabañitas donde las señoras cocinan y nos hicimos nuestra amiga Dominga que nos cocina a precios locales y siempre tiene algún regalito para Lolo, juguitos, bananas, y Lolo la adora. La comida siempre arranca con una sopa y después viene pescado apanado (milanesa) o pollo, siempre con arroz y plátano en alguna forma: frito, asado o patacón, que es frito, después se hace bola y se aplasta como una croqueta.
Los desayunos son lo que nosotros comeríamos en un almuerzo (arroz, lentejas, pollo, pescado), un desayuno más tranqui, en el que incurrimos varias veces, es el bolón (plátano frito hecho pasta, mezclado con pedacitos de queso, se hace bola y se vuelve a freir) + huevo frito + limonada. Está buenísimo, es una bomba.


Lolo con Dominga

Cuando pintamos el cartel en Purmamarca, el hombre que nos lo encargó nos dijo que pasáramos a ver a su hija que estaba viviendo en Montañita, hacia ella fuimos cuando llegamos y Zoe, sus amigos y su local de empanadas han sido nuestra base de operaciones todo este tiempo. En seguida de llegados nos presentaba a la gente como “unos de los mejores fileteadores de argentina”. Zoe es lo más! Gracias a ella tomamos mate todas las tardes, un lujo total. Su marido, Marlon, es ecuatoriano, y tienen un hijito, Amaru, con el que Lolo a veces juega pero el nene anda pasando por una etapa de bruto así que por lo general Lolo le huye (el Lolo sigue siendo un buenazo que no le pega a nadie, salvo a sus padres, y le dice al nene “noooo, cuidado con Lolo”, o si le quiere sacar los juguetes le dice “noooo, para Lolo” y lo separa suavecito.)


con Zoe y familia

Hace bastante calor aquí, Lolo puede andar desnudo y de a poco se está interesando en el temita de hacer caca y pis fuera de los pañales.

Al lado del negocio de Zoe está el de Purahoja, este hombre (Purahoja) es otro capo, es montañitence, siempre laburando, construyendo, haciendo un baño, o haciendo un lomo de burro en la calle, o cocinando, o cuidando sus plantas. Es igualito a Bob Marley, para mi.

Al lado está el local del Rafa, un guayaquileño buenísima persona, adora a Lolo, está construyendo su imperio a base de vender tortillas de papa en la playa. Está cansado de pelar papas así que día por medio abre el local solo para los amigos, caen guitarra y cajón peruano y él se pone a cantar improvisando, si pasamos por ahí nos incorpora a la canción y Lolo se emociona todo.


El Rafa

Con Rafa pasamos 3 días de lujo en una casona frente a la playa que le habían prestado, esos días disponíamos de horno e hicimos brownies y se vendieron muy bien. También participaron del proyecto brownie Vivi y Andrés, colombianos de Cali con los que esperamos reencontrarnos, nos divertimos mucho esos días con ellos.

Otra gente con la que la pasamos muy bien fue con una familia chilena: Lucho, Magaly y el pequeño Lucas, los conocimos en el local de Zoe y en seguida hicimos buena onda, y nos gustó más todavía que fueran chilenos porque pudimos borrar la mala impresión que trajimos de nuestro paso por ese país. Con ellos fuimos a conocer unas cascadas y pudimos ver que a sólo media hora de la playa, metiéndonos en la sierra, estábamos en la selva (“estamos en la selva de verdad!”, no paraba de decir Lucas). Mención para La Caracola que hizo el camino que era “sólo para 4x4”, porrrrrrr favorrrrrr.



Lucho, Lucas y Magaly


En las cascadas de Alex

En fin, este es el resumen, estamos conociendo muchísima gente, estamos aprendiendo a trabajar en el camino. Hubo días en que estábamos medio desanimados sin poder generar dinero, y al rato nos encontrábamos con uno y con otro, el Rafa repartía la tortilla que no había vendido, otro nos hacía probar un jugo, otro le regala a los nenes las tortitas que quedaron de la venta de la playa, o nos invitan cervezas frescas, nosotros llevamos a la gente en la Caracola, y así van fluyendo mejor los días, escuchando historias de vidas y de viajes, escuchando consejos sobre los lugares donde estaremos, brindándolos de los lugares donde hemos estado.

Hay muchos colombianos aquí y nos encantan, así que si bien queremos conocer más del Ecuador, también ya estamos ansiosos por entrar a Colombia. Veremos!


Lolo al lado de nuestro puestito


Beto preparado para la batalla







PD: muchísimas gracias a todos los que publicaron comentarios. Disculpen que no hemos podido contestarlos, por supuesto que los leímos y nos emocionamos con saber que estamos en contacto por este medio.
John: ya has partido en tu viaje? Avisanos así nos encontramos.
Sofía: estarás de nuevo en Lima en el trajín, saludos a toda la familia y un abrazo enorme para vos!
Radio Kombinauta: qué haríamos sin ustedes!
Kombiman, Kombiwomen, kombiboy: uy como los extramos!
Lucho: los recordamos siempre, vieron que bien salieron en la foto?
Diego: siempre amable con nosotros, hay que hablar con él para conocer Lima. Saludos!
Pablo y sus pes: te extrañamos! porqué no te venís? Traela a Pau, sino no!
Enrique: todos somos! Venite también!
CavePiura: nos vemos en Colombia, abrazos para todos, Wilmer, Adezda, Aranza, Tito, Jorge, Tato... los recordamos.

viernes, 1 de enero de 2010

Argentina - Chile - Perú


Hemos andando bastante trajinados en estos dos meses de viaje. En general estuvimos uno o dos días en cada lugar, procurando dónde dormir, qué comer, cambiando pañales y jugando, conociendo. Saliendo de Buenos Aires hacia Jujuy para cruzar a Chile por el paso de Jama. Hicimos este recorrido bastante rápido porque ya lo habíamos hecho un par de veces, y teníamos encima la ansiedad de ir hacia lo desconocido.

Al partir de la ciudad de Bs As fuimos acompañados por nuestro maravilloso club kombinauta, Siemprenkombi, hasta la ciudad de San Pedro, donde festejamos con asado y muchisima buena onda y amistad, la partida de otra kombi hacia America latina. La despedida fue a pura lágrima, cariño y alegría. Inolvidable como el viaje mismo.

Visitamos a la hermosa familia del que conduce en el pueblo de Pavón a 50 km de Rosario, y de ahi seguimos solos hacia la aventura.

Compartimos con José nuestro paso por la Quebrada de Humahuaca, estuvimos con Vero y Juancito en Tilcara, hicimos nuestro primer trabajo en Purmamarca.

Cruzamos a Chile, el camino espectacular, enorme, aaalto, salares, volcanes, formas increíbles. A la Caracola le costó, ibamos despacito (20km x hora) y como calentaba parábamos a cada rato para que descanse. Se subieron Daniela (de Ecuador) y Joan (de España) para el cruce, en seguida se convirtieron en los niñeros de Lolo, desplegaron un gran repertorio de canciones e intentaron ayudarlo a dormir la siesta (sin éxito). Fueron tantas horas de subidas y bajadas que 30 km antes de llegar a la aduana de Chile el disco de embrague, que veníamos usando por demás, se pulverizó y se quemó. En medio de la mismísima nada. Un camionero que paró a socorrernos nos dio un truco para avanzar despacito, y funcionó! Llegamos cual caracoles a la Aduana, en San Pedro de Atacama, hicimos nuestros papeles y la Caracola ya no arrancó más. Los más altos honores para ella que hizo el esfuerzo y nos dejó a una cuadra de un mecánico. Toda esta zona de Chile es desértica, las ciudades están construidas en oasis, así que dormimos entre camiones, al día siguiente Beto fue hasta Calama, una ciudad más grande a encargar un embrague que viajaría desde Santiago en avión, para luego viajar de Calama a San Pedro en bus. Dentro de todo se hizo rápido, estuvimos 4 días ahí, nos salió una fortuna, y como este lugar está viviendo exclusivamente del turismo gringo, es extremadamente caro y hay en el aire un clima de avaricia, si no vas a gastar mucha plata, no se molestan en atenderte bien.
Hicimos un gran esfuerzo por mantener el ánimo en alto, y fuimos muy felices cuando pudimos partir.

Nuestra siguiente parada fue Tocopilla, fue la llegada al mar Pacífico, muy emocionante. Lolo no lo podía creer, se entusiasmó mucho con los barquitos de colores por todos lados. Casas de madera de todos colores, gente sonriente, ya la onda estaba cambiando. Pero seguía siendo carísimo para nosotros, así que pusimos el objetivo en el cruce a Perú, por otro lado cambiando el plan de ir a Bolivia, porque implicaba volver a cruzar la cordillera, que tanto nos había costado.


Dormimos dos noches en Iquique, una ciudad muy particular porque es una zona franca y balnearia, así que todos andan en unos autos último modelo, y las mujeres andan disfrazadas de Lupita Ferrer (consultar “Amándote” novela protagonizada por Arnaldo André). Por su puesto tiene su zona popular y allí fuimos a almorzar y a hacer nuestras compras. Nos metimos en un tremendo Shopping donde se suponía que todo era baratísimo por ser puerto libre, pero seguía siendo carísimo para nosotros.
Dormíamos con la caracola a metros de la orilla, de aquí nos queda el sonido de las olas al retirarse sobre las piedras de canto rodado de la orilla, y el lobito de mar que venía a saludar por las noches.

Pasamos otra noche en Arica, otra ciudad costera, delicia de Lorenzo porque había, en la playa donde dormimos, tremendos juegos para niños con escaleras, túneles, toboganes, camas elásticas.

De a poco nos impregnamos en el paisaje marino, el sonido del mar, los caracoles, las gaviotas, el aroma.

De Arica partimos hacia Perú, todos contentos. Desierto y más desierto, llegamos a Tacna. Comienza el tránsito peruano! En contraste con la prolijidad chilena, aquí todos se mezclan, todos tocan bocina, el peatón es invisible.

La costa peruana tiene unos 2.400 km, con Lima ubicada en el medio. Fuimos subiendo alternando ciudades y pueblos costeros con ciudades y pueblos tierra adentro, siguiendo la ruta Panamericana. Balnearios turísticos vacíos (por fuera de temporada), pueblos pesqueros, ciudades portuarias, ciudades a secas.
De Chile hasta Lima viajamos por desiertos costeros, de un lado el mar, del otro el desierto, ya sea de piedra chica, de piedra grande, de arena, de tierra, es siempre desierto. Con el correr de los días se nos hizo bastante duro, y cuando veíamos un arbolito nos emocionábamos. Por suerte siempre estaba nublado así que el calor no era tanto problema. No hallábamos con quién conversar ya que la zona está desierta de viajeros también, y el peruano del sur es atento pero retraído. Así que nos veníamos sintiendo raros, ya llevábamos varios kilómetros encima y ningún lugar nos inspiraba detenernos.

Paramos en Nazca, emocionados vimos algunas de las famosas líneas, no todas porque el vuelo era demasiado para nuestro presupuesto. No es caro (100 dólares), pero optamos por tenerlos en la billetera.

Paramos en Paracas, que tiene una reserva costera espectacular. Aquí vimos por primera vez en acción, y en bandadas, a unos pájaros que llaman “piqueros” porque para pezcar se transforman en flecha y hacen un clavado perfecto. Los pelícanos, que ya veníamos viendo, también eran muchos, los queremos, son unos personajes bárbaros, grandotes y torpes, para pescar se tiran de panzazo, no es una técnica prolija la que tienen pero debe resultar porque andan todos gordos.



130 km antes de Lima, la intuición de Beto combinada con el GPS nos llevó a a Cerro Azul, con la intención de pasar la tarde y la noche, y llegamos a la playa más linda que habíamos conocido hasta el momento en Perú. Claro que la apreciación de un lugar se da por la combinación de muchas cosas, y en este caso se sumó que (por fin!) se acercó a hablarnos una pareja, Cheyeta y Momo (él peruano, ella austríaca), con su hijito Joao, en seguida aceptamos sus invitaciones y nos cruzamos a su casa, tomamos cosas ricas, Lolo jugaba contento. Emocionados con este encuentro, finalmente nos quedamos 3 días allí disfrutando del lugar, de la compañía y del descanso.



En Lima estuvimos 4 días activos, entre los arreglos a la caracola, trámites, compras y los hermosos encuentros con el grupo de escarabajos CAVE.
De Lima hacia el norte el CAVE fue una referencia para nosotros. Participamos en reuniones de Cave Lima Sur y del encuentro de Cave Lima Oeste. Nos han invitado a comer, nos han llevado en caravana de escarabajos hasta el hotel, nos han dado presentes, nos han mimado mucho.


Con el amigo José Kombiman Rebaza, su mujer Silvia (kombiwomen) y Dieguito (kombiboy), y, claro, su kombi Pan de Molde, partimos hacia el norte, pasamos la noche en Sayán, y nos hicieron pasar un lindísimo día, con una emocionada despedida en la albúfera de Medio Mundo. Lolo todavía los extraña.


Nuestro siguiente objetivo era encontrarnos con Jorge y Meli, pareja de colombianos que vienen bajando en su kombi lunita desde Colombia hacia Ushuahia, en su viaje “Suramérica de Costa a Costa”. Allí nos relajamos otra vez con buena compañía, vimos pelis en su kombi, se hicieron grandes amigos de Lolo, visitamos las ruinas de Sechín, tomamos café colombiano, intercambiamos presentes y nos costó mucho despedirnos de ellos. Tanto nos relajamos que olvidamos que vencía el seguro, el que se dio cuenta fue el enésimo policía carretero que nos paró, que tuvo la mala idea de leer con detalle nuestro papelucho y se dio cuenta de que el seguro había vencido el día anterior. Gran pantomima de gran multa y terribles males que terminó con coima de 40 soles.



Llegamos a Trujillo el 24 de diciembre, invitados por Fernando y familia, del grupo CAVE, a pasar navidad con ellos. Tuvimos la oportunidad de saborear el desayuno de navidad a la peruana, consistente en chancho, papa y chocolate caliente. Gracias!
Allí visitamos la “Huaca de la Luna”, de la cultura Mochica. Impresionante, inolvidable. Es una pirámide construida en ladrillos de adobe, tiene 5 niveles, era un centro ceremonial. Cada nivel fue construido para una generación de sacerdotes, cuando morían, ese nivel se sellaba, llenándolo todo con ladrillos de adobe, y se construía otro templo arriba. El recorrido guiado que comienza con algunos ladrillos de adobe, después unas salas, después murales de colores en altorrelieve, después se pueden ver fragmentos de murales de los distintos niveles que han ido destapando, y termina con la vista exterior, con unos frisos impresionantes. Vamos a subir fotos de esto. Quedamos impactados, incluso Lolo. (dicho sea de paso, si ve una foto de las líneas de Nazca se acuerda de que estuvimos ahí, comentando que subimos una escalera alta para verlas).
El grupo de Cave Trujillo nos despidió con un almuerzo, y con un gran obsequio de provisiones para la alacena de la Caracola! Lolo contentísimo con la abundancia de yogurcitos en tetra brick.


Días después nos reencontramos con Sofía, miembro de Cave Lima, en Lambayeque, con su enorme y cálida familia reunidos para las fiestas. En Lambayeque vivimos muchos hitos (algunos más importantes y otros más bobos). En Buenos Aires nació mi sobrina Sofía. Anduvimos por primera vez en mototaxi. Hicimos una noche en la playa con Sofía y una parva de sobrinos (viajamos 10 en la Caracola), que durmieron todos en el armatoste de carpa que llevamos, que se armó por primera vez. Al día siguiente Lolo se metió por primera vez al mar, después de un mes de mirarlo de lejos sin querer acercarse.



Fuimos al Museo de Las Tumbas Reales de Sipán, también de la cultura Mochica. También impresionante, armado en in cresendo, mostrando el trabajo arqueológico que comienza con un pequeño descubrimiento y termina con capas y capas de tesoros en la tumba de un rey, donde se encontraron objetos que hasta el momento sólo se conocían por los dibujos de las cerámicas mochicas, y cambiaron muchas de las suposiciones que se tenían sobre esta cultura. La impresión que me deja el conocer la expresión de estas culturas es que tenían una mirada poética de la vida y gran poder de síntetizar visualmente las energías que percibían.

Nos fuimos de Lambayeque con la compañía de la madre de Sofía, hermosa compañía, dormimos en su casa de campo, herencia de sus suegros, nos encantó conocer por dentro una casa como tantas de las que vehíamos por la ruta, con su ganado, un pavo había puesto sus huevos en el baño, su árbol de ciruelas, el tamarindo, los mangos, los limones. La caracola partió con todos estos aromas dentro, por generosidad de Sofía madre. Lolo fue tan terco con el mango como con el mar, no lo quizo probar hasta después de un mes, ahora es fanático y canta “Mango, que rico el mango e - e- e – e- , mango…”


Finalmente en Piura, donde solo pensábamos hacer una regulación de válvulas, fuimos recibidos por Wilmer, del grupo CAVE; en su taller “Repuestos Vocho” donde tenían lo que necesitábamos y la Caracola pudo recibir sus mimos de generosas y expertas manos. Quedamos agradecidísimos con Wilmer y su familia por su generosidad y disposición, riquísimo ceviche, nos llevaron a conocer, Lolo recibíó juguetes, caramelos, su comida en el momento justo, y su ansiado paseo en escarabajo.
Otra vez los miembros de CAVE nos brindaron todo lo que estaba a su alcance y más, con cariño y alegría. Son para nosotros un ejemplo de hospitalidad que agradecemos y que deja huella en nosotros tres.



Así llegó el 31 de diciembre, nos costó pero conseguimos una playa tranquila, conseguimos golosinas y cerveza, nos metimos un poco al mar, y nos acostamos en la caracola. Escuchamos el mar como nunca antes, el microsegundo de silencio entre ola y ola. Beto y Lolo se durmieron antes de las 12, yo me quedé escribiendo notas para poder compartir esto con ustedes.


Al día siguiente, hoy, hicimos nuestra entrada en Ecuador, el paisaje cambió rotundamente y hay plátanos por todos lados y rasgos afros. En unos días estaremos trabajando en las playas. Abajo escribo algunas notas sueltas que fuimos escribiendo.


Los Mototaxis
Empezámos odiándolos y terminámos teniéndoles cariño. En general estan manejados por adolescentes. Los vamos a extrañar. Tomamos uno de despedida por órdenes y súplicas de Lolo. Es como subirse a una montaña rusa que vibra y ensordece.

La Azaña
Caracola en equilibrio, la rueda derecho-trasera enterrada en la arena y la izquierdo-delantera en el aire. Rápida evacuación y se balanceo. Por atrás Beto alza la caracola y la empuja. Éxito instantáneo.

Alberto de Ilo
Fue el primero en decirnos “bienvenidos a Perú”, casi nos arranca una lágrima.

Leche de tigre
Aperitivo de caldo de pescado caliente y picante.

Lo que se canta en la caracola: la cucaracha; la vaca lechera tolón tolón; que rico el mango.

El Ceviche
Exquisito y simple. Pescado crudo, limón del norte, cebolla, picante.

Los Anticuchos
Corazón de res sazonado en vinagre, con picante, en brochette. Riquísimos.

El Chifle
Plátano frito en rodajitas.