miércoles, 16 de junio de 2010

DICCIONARIO COLOMBIANO (ANTIOQUEÑO) / ARGENTINO (PORTEÑO)

Paisa : el de Antioquia
Antioquia =/ Antioquía

Tinto : café
Café : café con leche
Morral : mochila
Mochila : morral

Bomba : estación de servicio / globo
Gasolina : nafta
Mofle : caño de escape

Invierno : días de lluvia
Inviernito: lluvia pasajera
Verano: días sin lluvia

Amañao: que se encuentra bien en un lugar ¿Están amañaditos aquí?”
Un culo: mucho. Me importa un culo. Te quiero un culo.

Zancudo : mosquito
Manilla : pulsera

Pelado/a : niño
Sardino/a: joven
Vieja: mujer, de cualquier edad

Qué pecado! : “este pelao tiene hambre y la comida no está lista, qué pecado!”
Ave maría! : “qué invierno el de anoche, ave maría!”
Paraco: paramilitar

Guayabo: Resaca
Bareto, baretico: hierba buena.
Camello: mucho trabajo.
Mercar: ir a hacer compras.
Berraco: fuerte, “qué hombre más berraco”, qué clima tan berraco.
Cuadrar: arreglar “luego cuadramos las cuentas”
Chulo: gracioso
Teso: inteligente, guapo
Mono/a: rubio/a

jueves, 10 de junio de 2010

Despedida de Colombia

Nuestra estadía en la finca en las afueras de Medellín fue reparadora, y llena de encuentros. Teníamos a los amigos de vecinos, y también otra gente excepcional, Rosa, César, Ovidio, Don Miro, nos dieron su amistad, sus historias, sus alimentos frescos de la finca, Lolo pudo sacar papas de la tierra, cebollas, acelgas y se hizo fanático de las arvejas ademas de ver ordeñar vacas. Ni hablar de las cantidades de plátano verde y maduro que comimos, arepas con carne desmechada, chocolate y en fin, largo etcétera que hizo que nos ganáramos unos kilos al partir.


Don Cesar preparando sus arepas


Nuestra gran amiga Rosa



A través del Facebook conocimos en Medellín a Lisorelly y Uriel, del club VW, unos amigos del corazón, ellos viajaron en su escarabajo hasta Chile con la excusa de asistir a un congreso de matemática, la pasión de Uriel. Planean volverlo a hacer, esta vez a Uruguay en la kombi Split que están arreglando. Pasamos un día y una noche con ellos, Lolo contentísimo, hizo muy buenas migas con ellos y casi no se lo escuchó de tan concentrado que estuvo con la colección de kombis y escarabajos que tienen en la casa.
Este es el link a la página de Uriel, Matema, su empresa de juegos matemáticos: www.ludomathema.com


Lolo y los escarabajitos


Con Lisorelly, Uriel y su hermosa Kombi. Los queremos!!!


Conseguimos tener Internet en la finca, y pudimos hacer varios trabajos vía Internet, y también mantenernos al día con los amigos y la familia. También hicimos una producción de aretes con forma de mariposas, para sumarlos a nuestras artesanías. Fuimos a vender con Cata y Yann un fin de semana y nos fue muy bien, doblemente contentos porque vimos que nuestras cositas peruanas gustan mucho por aquí. Y de paso dejamos el link para que vean los trabajos de Cata, una real artista del macramé: www.noeudsdanslo.blogspot.com

Pintamos varios carteles para Víctor el uruguayo, quien casado con una colombiana puso un restorán cerca de donde vivíamos. Ellos habían viajado mucho antes de ser padres, y cuando nos despedimos nos contaron que se habían inspirado al conocernos y estaban planeando salir de viaje con sus hijos. Víctor nos regaló un montón de pulseras de cuero hechas por él, son muy hermosas y se venden muy bien. También nos regaló medio kilo de yerba y casi nos hace saltar las lágrimas.

También pintamos un cartel para Martha, tía de Cata, que tiene su negocio de variedades en Bello, al lado de Medellín. Marta fue otro ángel con nosotros, nos alimentó, hizo regalitos a Lolo, nos mimó y nos pagó más de lo convenido, felíz con su cartel.

En medio de todo llegó el primo de Yann desde Francia, Antoine, otro copado con el que nos hicimos muy amigos.


Entregando el cartel de la finca de Cata, Yann y Cami. También esta Antoine.


Llevando el cartel de la querida Martha.


Lolo bien paisa.


Pudimos ir a la marcha del 1° de Mayo en Medellín, estuvo muy bueno, un tanto estresante porque al haber tanta rabia la cosa se pone un poco violenta y cada tanto volaban piedras, y nosotros con lolo a upa terminamos agotados de esquivar las escaramuzas.

A través de Uriel y Liso conseguimos un mecánico VW en Guarne, un pueblo cercano, allí llevamos a poner a punto la caracola, cosa que llevó todo el día y bastante dinero, y no quedó muy a punto, pero por lo menos quedó como para partir seguros.

Guarne es un pueblo encantador, su gente es de lo más tranquilo y relajado que hemos visto, es alegre y limpio, la gente amable, y sus arepas….. su arepas nos atraparon. Ademas se puede tomar tranquilamente una cerveza frente a la plaza escuchando los tangos que pasan en algunos bares. Ahí gusta mucho el tango e incluso hay un libro basado en la leyenda de que Gardel no murió en el accidente de Medellin y que se lo puede ver caminando despacito por las calles de Guarne.


Vista en Parque Piedras Blancas, cerca de Guarne-


Lolo pintor.


Atardecer desde la finca.



Las mariposas.


Los días fueron pasando, Lolo olvidó que alguna vez usó pañales, y llegó el momento de partir. Con mucha pena nos despedimos de todos los amigos, con un gran asado a la francesa(lentito), hecho por Yann en una hermosa noche montañesa bañada en ron. Adiós y gracias Medellín!!


Un poco de asado frances.


Gran despedida gran!


Cartel en lo de Victor.



Despedida en lo de Victor.


En realidad no nos dejó salir tan fácil, ya que pensando en pasar por la ciudad sólo para despedirnos de Uriel, Liso y César, resultó que nos quedamos varados sin electricidad. Mientras Uriel y Liso venían en nuestro auxilio Beto logró arreglar la cuestión (gracias a un taxista que paró y dijo “Ave María! Esos bornes están sulfatados!”), luego Uriel notó que perdíamos líquido de frenos y nos fuimos todos al mecánico. Así que esa noche la pasamos otra vez con ellos, y al día siguiente nos fuimos a despedir a César y su familia antes de tomar la ruta hacia el norte. Hicimos una mini caravana con la caracola y naranyá (el escarabajo de los chicos) y nos despedimos, cuando hicimos una cuadra otra vez la caracola se apaga y un hombre nos avisa que echamos chispas por atrás, Beto veloz baja con el matafuegos y apaga una llama que se había prendido al lado del motor. Resultó ser un corto producido por uno de los cables que se soltó de su borrrrne.

Temblequeando por el susto nos fuimos a saludar a César y su familia y por fin, pudimos partir, con el lema del gran Jelin en la mente: “como sea y como estea”.


Medellin y su edificio principal, el Coltejer.


Botero en Medallo.


Se me sueltan lo borne!


Llegados a Puerto Berrío, confirmamos que hace un calor tremendo ahí, comimos un clásico colombiano: pollo a la broaster, papa salada y arepa, se nos venía la noche y encontramos un hotel, cuando queremos arrancar la caracola para guardarla… nada. Ooootra vez la electricidad. Domingo y a la noche, parecía complicado pero conseguimos un electricista que encontró un cable suelto y listo, todo arreglado.

Al día siguiente llegamos a Bucaramanga, nos encontramos con Nico Grau del Bucarawagen que nos ayudó a conseguir un hotel, y ahí descansamos.


Camino a Bucaramanga.




Bucaramanga.

De Bucaramanga pensábamos llegar a Cúcuta, ya en la frontera con Venezuela. El camino sube y sube y sube, ahí nos enteramos cabalmente de que los andes son una cosa larga. Nosotros en ropa de verano y al rato estábamos en una puna a 3500 mts de altura, otra vez a buscar los abrigos. Comimos una arepa rellena en este frío y paisaje andino inesperado, y luego de la subida… vino la bajada: curvas y curvas y más… llegando a Pamplona Lolo vomitó su arepa, paramos a recomponernos y limpiarnos, y cuando damos el arranque, estábamos sin frenos, completamente, en una calle en bajada. Oh, si. La cosa salió bastante bien porque Beto atinó a cruzarse de carril y meter la Caracola en una callecita que se abría en subida, apuntándole a un paredón. La gente alrededor en seguida reaccionó, uno nos puso una piedra debajo de la rueda para que no volvamos deslizarnos hacia la ruta, y otro en seguida se fue a buscar un mecánico. Según él, el líquido de frenos no era bueno y había hecho vapor. En fin, cansados de las desgracias con suerte, y Beto muy cansado de manejar por tanta montaña, nos fuimos al taller mecánico en Pamplona, el hombre nos contó que el día anterior habían estado unas chicas en kombi, y nos fuimos a buscarlas, no las veíamos hasta que ellas llegaron corriendo, ya que nos habían visto pasar. Ellas estaban varadas ahí por la bomba de nafta, y venían en mala racha mecánica, buscaban una bruja que las desgualiche. Las chicas unas capas, una argentina, una chilena y una española, partieron de Chile hace una año en su kombi Dinamita. Nos quedamos hasta tarde charlando y nos pasamos varios datos, ellas entraban a Colombia.


En las alturas y con lluvia.


Las chicas y La Dinamita.


A ver esos frenos!





Quieroooo!!!!


Al otro día, hacia Venezuela! Hicimos los kilómetros que nos llevaron hasta Cúcuta, la frontera, y seguimos los carteles que indicaban “Venezuela - puente internacional Simón Bolívar” con la emoción que siempre nos da entrar a un nuevo país. A medida que nos fuimos acercando nuestra emoción se transformaba en desconcierto ya que en vez del puente veíamos una marea de autos y camiones desordenados, nadie indicaba nada y se imponía la ley del más machazo para pasar. Una gente agitaba fajos de billetes, cambiando plata colombiana por venezolana. Sin estar muy convencidos cambiamos la nuestra, pero teníamos la información de que dentro de Venezuela hay muchas restricciones con las divisas y que el cambio oficial está muy desfavorable.

Había otros personajes que por unas monedas te hacían entrar el auto en la fila, a los gritos, agitando los brazos y con carisma. Dos de nuestros flamantes bolívares se fueron para uno de estos, un pelado con la camiseta de argentina que nos vino a saludar. Nos sentimos un tanto corruptos, pero, en fin, creo que estaríamos ahí todavía si no hubiéramos recurrido al pelado.

Fueron 2 horas para hacer 500 metros. La caracola no recalentó aquí porque es una santa. Los trámites antes de salir fueron rapidísimos, los trámites para entrar a Venezuela fueron de 4 horas, de pagar y esperar.

En fin, una vez dentro, nuestra algarabía era toda cansancio, San Antonio de Táchira es bastante feúcha, buscamos un hotel y a descansar. Al día siguiente pusimos rumbo a Mérida y pudimos comprobar con absoluta alegría lo que nos habían dicho sobre la gasolina: con 0.60 de dólar llenamos el tanque!


A la cola!


Hola Venezuela!!

Asi que aca estamos, en la Republica Bolivariana. Gracias siempre a Colombia y la hermosa gente que conocimos y que ahora son amigos queridos que tenemos en ese hermoso pais. Y vamos La Caracola!!


jueves, 20 de mayo de 2010

Cartel para local en Bello, Medellín.


Para Marta, y su negocio de Variedades en Bello, Medellín.
Marta, un ángel.

Carteles decorativos para Barranquilla


Uno de los diez carteles que hicimos para Will, amigo de Barranquilla, para decorar su finca.

martes, 13 de abril de 2010

COLOMBIA: MEDELLIN - CARTAGENA - BARRANQUILLA - SANTA MARTA - MEDELLIN

Camino a Medellín.

Luego de muchos kilómetros recorridos, mucha aventura, algún contratiempo, y muchos amigos en el camino, llegamos a Colombia, en principio, la meta del viaje.
Entramos ya entrada la noche por Ipiales, donde decidimos hacer noche luego de todo un dia de viaje desde Esperanza.
Las primeras cosas que notamos son la buena onda de los colombianos y la diferencia de precios con Ecuador, sobre todo en la gasolina, que cuesta el triple. Además empezamos a ver los primeros de decenas de peajes que nos iban a esperar en el camino y que tienen un costo que realmente lo ponen a uno de mal humor.
Alberto e Itzi, l@s chic@s español@s de La Chancha, nos habían recomendado por mail una laguna cerca de Pasto donde les parecía bueno que ofrezcamos nuestro oficio cartelero a los restaurantes de la zona, asi que luego de una noche en Ipiales partimos hacia allí.



Llegamos a Pasto también de noche, ya que aquí oscurece a eso de las seis y media de la tarde, y decidimos pasar otra noche de hotel ya que a esa hora es difícil encontrar donde dormir con La Caracola. Esa noche en la tv pudimos ver canal 7 de Argentina y nos entretuvimos con los lios políticos que mostraba 6-7-8 y hasta nos dio alguna nostalgia.
Tempranico al otro dia partimos hacia la laguna de La Cocha. Fueron 25km de subida hasta llegar a una altura donde el frío nos obligaba a las lanas, pero donde de pronto tuvimos la maravillosa vista desde bien arriba, del gran espejo acuático.



Al llegar vimos que los restaurantes eran muy lindos pero tambien humildes y bien de los lugareños, gente de la pesca artesanal y la atención al turismo. Asi fue que decidimos disfrutar un rato del lugar y seguir viaje hacia el norte, para ir acercándonos a Cali.







El lugar era hermoso, sobre todo la parte de las casitas de madera que estaban todas adornadas con flores muy coloridas y los restaurantes con sus ofertas de truchas que no dejamos escapar.
Siguiendo el camino, unos 800 km hasta Medellín, empezamos a disfrutar de la cordialidad y la amabilidad colombiana. Cualquier pregunta que hemos hecho fue respondida con esmero. Algo que vemos aquí que no sucede en Argentina es que las casas dan de frente a la ruta, entonces al atravesar los pueblos podemos ver a las gentes recostadas en las hamacas, charlando, sentados tomando algo, los chicos jugando, familias almorzando, y queda la sensación de una visita fugaz a la vida cotidiana.
Pasamos por la colonial Popayán, pasamos por Armenia, hicimos la ruta del Café en un tramo, con pena elegimos evitar Manizales porque significaba un camino más largo, con pena pasamos por el costado pero no entramos a Cali, y uf! por fin llegamos a Medellín, luego de largos caminos de montaña maravillosos y también jodidos, una curva detrás de la otra y muchos camiones para esquivar.


Ruta del café.




Popayán


Pueblo paisa. ( Paisas son los habitantes de la región de Antioquia)
(Gente alegre y de muy buena onda)


Vamo' que hay joda!


Llegada a Medellín

El encuentro con los chicos fue maravilloso, muy emocionante. Cuando nosotros salimos de BA, llegar a visitarlos a ellos era nuestra idea loca, y aquí estamos. Después de 2 años de no vernos la confianza fue inmediata, nos recibieron con churrasco y papas fritas y nos brindaron su hogar, dándonos la fabulosa posiblidad de descansar y recomponernos física y mentalmente de la maratón de kilómetros que hicimos hasta allí. Estamos en un lugar privilegiado, a 20 minutos de la ciudad, en la montaña, el clima es perfecto: calorcito agradable de día y fresquito de noche. Aquí todo el paisaje tiene algún grado de inclinación, cualquier piso plano está hecho artificialmente, es un poco vertiginoso al principio y no es raro caerse en alguno de los senderos. Cata, Yann y Camila viven aquí desde hace 2 años y lo que han trabajado en su tierra es admirable, haciendo terrazas para cultivos y plantas, gallinero, estanque, trazando caminos, nivelando el terreno, además de la casa y los muebles que van construyendo.
Camila y Lorenzo, que nacieron con sólo 5 días de diferencia, también están muy contentos de encontrarse y aprenden mucho juntos.}


Cami y Lolo.




Trabajando la pacha en lo de nuestros amigos.


Milanesa argentina si las hay.

Llegada de Esther.

A la semana de llegados llegó la mamma!, Esther, mamá de Mer y sobre todo abuela de Lolo!, que no pensaba perderse la aventura. Alquilamos una casita a 20 minutos de caminata de Can CuCú (así se llama la finca de Cata y Yann), y pasamos unos días de encuentro muy contentos y tranquilos.


Esperando en el aeropuerto.


Llegó Esther!


La casa.


La vista desde la casa.


Lugar de descanso de La Caracola.

En esos días festejamos el cumpleaño de Mer. Hicimos unas pizzas y tomamos unos vinos en la casa junto a Cata, Yann y Cami. Todo muy tranquilo y respondiendo por internet a las felicitaciones a la cumpleañera.


Los niños en el cumple de Mer.



Esther quería recorrer un poco de Colombia, pensando en el Caribe, y planteó “¿me voy sola o vamos todos?”
-Y… vamos!, dije yo
-¿Y si le pasa algo a la Caracola?, ¿Y si vamos en bus? dijo Beto.
-¿Qué le puede pasar?, repuse indignada.
- “Y bueno, vamos”. Dijo Beto.

Y fuimos, y pasó de todo.


Saliendo de la casa hacia el Caribe.

El viaje al Caribe.

El camino fue mucho más largo de lo esperado (la verdad es que salimos con cero información). El destino: Cartagena – Barranquilla – Santa Marta. Pensábamos demorar un día y nos tomó 2 ½.

La primera noche la pasamos en Yarumal, una ciudad sobre la falda de una montaña, con su plaza inclinada y sus boliches en penumbra nos pareció muy hermosa, luego nos dijeron que aquí se la conoce como la ciudad de las “3 F” : fea, fría y falduda. Sí que hacía frío. Llegar aquí nos llevó unas 5 horas, aunque está a sólo 100 km de Medellín, el camino es empinado e intrincado.


Yarumal.

Al día siguiente fuimos a conocer la plaza a la luz del día, compramos unos exquisitos buñuelos y partimos, fueron pasando los kilómetros y todavía nos quedaba bastante camino de montaña, luego se puso más llanudo y el clima agradable de Medellín se transformó en un horno pegajoso.


Las "Chivas". Típicos buses populares colombianos.

Uno de nuestros faroles andaba con poca potencia, Beto se puso a revisarlo y la lamparita se rompió y el vidrio y el anillo de metal quedaron flojos. Sostuvimos el asunto con cinta de papel y unas cuñas con palitos (haciendo honor a “lo atamo con alambre”) y seguimos, con la preocupación de no poder dejar que nos agarre la noche en la ruta.


Parada en pueblo norteño con mucho calor.



Fruta exótica, para nosotros. Muy rica ademas.

La segunda noche la pasamos en Sahagún, temprano seguimos viaje y a 200 km de Cartagena, nuestro primer destino, la Caracola empezó a escupir la 4ta. Por suerte si teníamos la palanca se quedaba, así que entre Beto y la copilota de turno la sostuvimos.


Calor!!!!


Cartagena

Cartagena de Indias nos deslumbró, tuvimos la suerte de conseguir un hotel barato dentro de la Ciudad Amurallada, y casi no salimos de ahí, dedicándonos a recorrerla de arriba abajo mientras el calor lo permitía.

.














Barco pirata!


Atardece en la muralla.


La Caracola en su esquina.


No hay playas lindas cerca de la ciudad, así que decidimos tomar una excursión a una isla que prometía como las de las postales. Excursión = mala decisión. Tomamos un barco, bastante caro por cierto, que nos tuvo navegando 2 horas hasta una isla donde el único programa era ir a un acuario, que se cobraba aparte. Luego de la espera de 45 minutos (a los que no fuimos al acuario), nos subieron de vuelta al barco, y navegamos 1 hora y media hasta la dichosa isla de la postal. Trasbordo para llegar a la orilla porque el barco era demasiado grande para llegar. Ni bien bajar, cual moscas, unos 30 vendedores se nos tiraron encima, con un nivel de pesadez asombroso, mientras nos daban el “suculento” almuerzo incluido, no paraban de desfilar, que masajes, que caracoles, que tallas, que pulseras, que collares, que camarones, que tatuajes, y otra vez la de los masajes, otra vez el de los caracoles…
Bueno, a la playa! Y vuelta a desfilar todos los vendedores.
Tuvimos la posiblidad de hacer 20 minutos de snorkel, de darnos un chapuzón y ….. suena la bocina del barco! Todos arriba!
En fin, nos sentimos unos idiotas.
Lo peor de todo: a esta playa se podía llegar en auto en 1 hora... de esto nos enteramos ya arriba del maldito barco.


A navegar!! (Demasiado para nuestro gusto)


En camino


La foto de las revistas!



Luego de 3 noches en Cartagena decidimos poner rumbo a Barranquilla, donde habíamos hecho el contacto con el Club VW de allá para que nos recomendaran un mecánico para revisar la caja de cambios. Antes de partir quisimos mandarnos una cagada más, y decidimos conocer el “Castillo de San Felipe”, caminando 10 cuadras bajo el sol del medio día, para llegar, pagar una carísima entrada, y descubir que en realidad es un “Fuerte” y no un “Castillo”, sin sombras para cobijarse salvo unos túneles con fuerte olor.


El Castillo.

Con la moral bastante baja y medio insolados, preguntando a los lugareños, tomamos la ruta hacia Barranquilla. Un ruido extraño nos llamaba la atención, paramos y vimos que nuestra lona cubre techo estaba desenganchada. “Oh, que raro, se soltó”. La atamos y seguimos. Al rato vuelta a sentir el ruido. “Pero che, que cosa”, la atamos y seguimos. A la tercera vez que paramos, por fin, nos dimos cuenta de que faltaba la mochila que habíamos dejado atada arriba, que algún cartaginés se apropió. Mientras seguíamos camino hacíamos el inventario de lo perdido, en realidad casi todo era ropa de abrigo y mantas, que bien se podrán meter en el … armario en Cartagena, donde hace el mencionado calor todo el año. Lo que más lamentamos es que ahí estaba el piso de nuestra enorme carpa (que no usamos nunca y pensábamos vender).
A mitad de camino nos sacamos la lotería (pal lado contrario) cuando una piedra vil vino a incrustarse en nuestro parabrisas, dejándolo cual vitreaux monocromático en cientos y cientos de pedacitos. Sí tuvimos suerte en poder parar en la banquina en seguida y sin problemas. Anonadados, no sabíamos qué decisión tomar, se nos ocurrió llamar una grúa y en eso estábamos cuando un hombre estacionó su bicicleta al lado y con mucha decisión buscó un palo y se puso a sacar el vidrio, que en cualquier momento se venía para adentro. El hombre había trabajado en un taller y sabía lo que hacía. Mil gracias, se llamaba Luis Alberto.
Cuestión que nos tocó manejar 60 kilómetros sin parabrisas y sosteniendo la 4ta.


Peinado por Caracola coiffeur.


Caracola ecológica.


Barranquilla

Llegamos a Barranquilla de noche y un tanto estresados.
Nota útil para viajeros: el camino que hicimos de Cartagena a Barranqilla es la ruta vieja, resulta que hay una nueva, más rápida, en mejor estado, y más bonita, va bordeando el mar.

Esther, si bien sostenía su moral en alto, no podía evitar su cara de “yo quería aventura pero no era para tanto”. Beto no podía evitar su cara de “yo presentía esto, debimos habernos quedado trabajando”. Lolo no podía evitar su fastidio por tantas horas sentado, calor y sueño. Y yo (Mer), no podía evitar mi angustia.
Por suerte al llegar a Barranquilla fuimos recibidos por Ricardo y el club VW de esa ciudad. Una gente de primera que desde que llegamos nos ofrecieron su ayuda y asistencia para que La Caracola recobrara su normalidad, ya que habia que arreglar la 4° y la superventilación que la piedra había fabricado.


Con la gente del club VW Barranquilla.

Esa noche dormimos en un hotel, luego de la caravana de los Escarabajos y la reunión en el parque.
Al otro día tempranito estábamos en el taller con el motor abajo y con Cogollo, el mecánico, desarmando la caja para encontrar el problema. Ricardo y un par de amigos nos acompañaban. Tuvimos que llevar el piñon de 4° a un tornero que le hizo unos dientecitos extra para que se agarre bien y no se vuelva a soltar. A la tarde, ya de vuelta en el taller, se armó todo, se subió el motor y listo. Faltaba todavía el parabrisas, ni mas ni menos.


Motor y caja abajo. Tranqui Caracola!

Esa noche y la próxima, dormiríamos en la casa de Ricardo e Ibeth, juntos a sus hijitos Ricky y Carito, quienes muy generosamente nos invitaron y nos recibieron como si nos conocieran de siempre. Carito se hizo muy amiga de Lolo y lo pasaron muy bien juntos.
Al otro dia nos tocó la larga recorrida por vidrierías y talleres VW en busca del parabrisas perdido. Resumiendo, encontramos uno que nos ofrecía un mecánico, de una kombi brasileña y que por suerte calzaba justo, aunque para colocarlo debimos ir al otro dia a una vidriería ya que no habia quedado muy firme en el primer intento. Tuvimos que aplicar lo poco que sabemos de regateo para conseguir el vidrio a la mitad de lo que nos pedian en principio, porque era inalcanzable para los bolsillos.



Agradecidos a la hermosa gente de Barranquilla y sobre todo a Ricardo y su familia, a Cogollo y a Will que nos dio maderas para que le pintemos unos carteles y los entreguemos en Medellín, nos despedimos emocionados con rumbo a Santa Marta, la que tiene tren pero no tiene tranvía.


Gracias siempre a Ricardo, Ibeth, Ricky y Carito!


Santa Marta

Llegamos por la noche y nos instalamos en un cómodo hotel cerca del malecón. La Caracola había andado bárbaro y descansó en el parqueadero. Paseamos un rato, comimos unas salchipapas y unos perros, y nos fuimos a acostar.
A la mañana siguiente emprendimos la excursión al Parque Tayrona, famoso por su naturaleza, su belleza e historia indígena. Al llegar alquilamos un caballo para que hiciéramos Lolo y yo (Beto) el tramo hacia la playa que caminando lleva casi una hora, mientras que Mer y Esther iban a pie y La Caracola nos esperaba entre palmeras gigantes.


La Caracola atónita ante la exhuberancia natural.


Que jinetes!




Atras del comilón, dibujo de los Tayronas, nativos del lugar.





Nos encontramos en la playa, luego de cruzar una selva-bosque increíble en donde Mer y Esther vieron un mono. Recorrimos solo un poco por la hermosa playa ya que el calor era infernal y preferimos tirarnos en una sombra.
Luego de comer pegamos la vuelta hacia La Caracola y hacia Santa Marta.
El último día en el Caribe, por ahora, fuimos a la playa de Taganga y disfrutamos del mar, para luego emprender la vuelta a Medellín.




Helados! Mmmmm....


En Taganga.




Vuelta a Medellín.

Tardamos otros dos días y medio en donde La Caracola tuvo dos problemitas. En un momento, en medio de la ruta, la noche y la lluvia, no quisieron entrar mas los cambios. Las lágrimas se asomaban a nuestros ojos con ganas de salir, luego de tantos inconvenientes y reveses que nos habían dejado el ánimo bien frágil. Por suerte juntamos fuerzas, entró la 4° y seguimos hasta un hotel en la ruta pensando que al otro dia todo se iba a arreglar. Por suerte fue asi, ya que al levantarnos me tiré debajo de La Caracola y me dí cuenta que el problema era que se había desajustado la mariposa del cable de embrague. Asi que ajustado, problema solucionado y a seguir marcha.



El gran rio Cauca.

El otro problemita se presentó cuando empezó a hacer ruido la rueda izquierda de atrás y paramos en una llantería a ver que pasaba. Se habian soltado los fierritos del freno de mano.


No todas son sonrisas.

Decidimos seguir y arreglarlo mas adelante en Medellin. Ya no habia ni paciencia ni dinero para estos menesteres. Lo único que queríamos era llegar, meternos en la casa de la montaña a descansar y recomponernos, ademas de relajarnos junto a Cata, Yann y Cami.


Paseando por Plaza Botero.



El balance del viaje al Caribe creo que es positivo. Si bien la pasamos mal de a ratos, angustiados dias enteros, también conocimos lugares de ensueños y gente de primera, y pudimos superar juntos una prueba difícil para los nervios y el ánimo, además del aprendizaje constante que brindan estas experiencias.
La última semana en la casa fue muy tranquila y relajante. Nos dedicamos a cocinar, y a visitar a nuestros amigos del lugar, Cata , Yann y Cami, a Rosa que nos cocinó un riquisimo sancocho y tortilla de acelga recién cosechada. Tambien Esther tuvo su paseo por Medellín acompañada por Don César, la persona que nos alquila la casa, y su familia.
Y asi, como quien no quiere la cosa, llegó el dia del regreso de la abuela de Lolo a Buenos Aires, seguramente con mas experiencias de las que esperaba.

¡Un beso enorme Esther y gracias por todo!! ¡Te vamos a extrañar! Nos quedan tus canciones para cantarle a Lolo y Cami y tus juegos que tanto los hicieron reir.